Este fue el primer fin de semana en un cuarto de siglo en el que las luces de la calle Murature no se encendieron. Tras el cierre definitivo de Sol Disco, el paisaje del barrio cambió radicalmente: el silencio que tanto reclamaban los vecinos finalmente llegó, pero fue acompañado por un altar improvisado de quienes se niegan a despedirse del Templo.
Durante la madrugada, varios fanáticos se acercaron hasta la puerta del local para dejar cartas, cartulinas y velas encendidas. Un ritual de despedida cargado de nostalgia, donde los mensajes pedían que este cierre fuera «solo una noche pasajera» y que el SOL volviera a salir pronto en algún otro rincón de Tandil.
Mientras los vecinos de Villa Italia celebran haber recuperado el descanso, los asiduos asistentes viven su propio duelo. Las fotos de las velas en la vereda se viralizaron rápido, dejando en claro que el cierre de Sol Disco no es solo un trámite administrativo o un triunfo vecinal, sino el fin de una era para la cultura popular tandilense.
¿Saldrá el Sol otra zona de la ciudad? Por ahora, lo único que queda en Murature 50 son los restos de cera y el eco de miles de noches que ya son parte de la historia de la nocturnidad local.




