Tandil vive una transformación en su nocturnidad que parece no tener freno. El pasado sábado 18 de abril, una convocatoria masiva por redes sociales volvió a poner el foco en la avenida Don Bosco, frente al Colegio San Ignacio. Bajo el lema «Juntada Nocturna», cientos de fanáticos de los autos y las motos se concentraron desde las 23 hasta pasadas las 2 de la mañana, en una movida que crece en convocatoria pero que también enciende las alarmas de los vecinos.
Pasión por los fierros vs. descanso vecinal
Lo que para los asistentes es un espacio de encuentro para mostrar el brillo de sus máquinas y compartir la pasión por los motores, para quienes viven en las zonas aledañas a la Don Bosco se traduce en una noche de ruidos molestos, explosiones y música a alto volumen. El fenómeno no es nuevo, pero la frecuencia y la organización a través de redes sociales han hecho que estas juntadas tengan hoy un alcance mucho mayor que las improvisadas caravanas de antaño.
El fantasma de las caravanas de motos
El debate no es solo por los autos. Esta movida reaviva la polémica por las caravanas de motos que suelen atravesar la ciudad, generando una sensación de descontrol en el espacio público.
Mientras los fierreros reclaman un lugar propio para sus exposiciones sin ser perseguidos, los vecinos exigen que el Municipio y las fuerzas de seguridad intervengan con controles de decibeles y ordenamiento vial. ¿Es posible convivir con el rugido de los motores en una ciudad que busca el silencio? Por ahora, la respuesta parece estar lejos de encontrarse.




