El transporte público de Tandil volvió a quedar en el centro de la discusión política y social tras el avance de una nueva actualización tarifaria que llevaría el boleto plano a $1915. El incremento, impulsado en medio de un escenario de déficit operativo creciente y caída sostenida de pasajeros, expone una crisis estructural que ya no gira únicamente en torno al valor del pasaje, sino sobre la viabilidad misma del sistema urbano de colectivos.
Mientras la Comisión de Transporte del Concejo Deliberante analiza el nuevo cuadro tarifario solicitado por las empresas, desde distintos sectores políticos comenzaron a advertir que el problema excede cualquier aumento puntual. En ese marco, el bloque de Fuerza Patria presentó un pedido para declarar la emergencia del transporte público local, argumentando que el esquema actual atraviesa una situación crítica producto del retiro de subsidios nacionales, el aumento constante de costos y la pérdida de usuarios.
La discusión aparece atravesada por un dato cada vez más evidente: el sistema funciona con menos pasajeros, costos más altos y una tarifa que se vuelve cada vez más difícil de afrontar para gran parte de la población. Desde la Cámara de Transporte vienen señalando que las empresas operan con un fuerte déficit mensual y que la estructura actual ya no logra cubrir gastos básicos como combustible, mantenimiento de unidades, seguros y salarios.
A eso se suma un cambio de fondo en los hábitos de movilidad urbana. La caída del consumo, el aumento del trabajo informal y remoto y el uso creciente de motos y bicicletas modificaron el flujo histórico de pasajeros, debilitando aún más un sistema que durante años dependió de subsidios estatales para sostenerse. Según los propios prestadores, el esquema fue diseñado para una lógica de financiamiento público que hoy prácticamente desapareció.
En paralelo, el impacto social del aumento genera preocupación entre trabajadores, estudiantes y jubilados que utilizan diariamente el colectivo como única alternativa de movilidad. Aunque el incremento busca evitar el colapso financiero de las prestatarias, también profundiza una tensión cada vez más visible: cuanto más sube el boleto, más difícil se vuelve sostener la cantidad de pasajeros necesaria para que el sistema siga funcionando.
Desde distintos espacios políticos coinciden en que el debate ya no puede limitarse únicamente a discutir el precio del pasaje. La posible declaración de emergencia busca abrir una discusión más amplia sobre frecuencias, recorridos, subsidios y sustentabilidad del modelo de transporte local. Incluso comienzan a aparecer planteos vinculados a una futura reforma integral del sistema ante un escenario que muchos ya describen como límite.
El riesgo, advierten tanto empresarios como concejales, es que Tandil entre en una lógica de deterioro progresivo: menos subsidios, menos pasajeros, boletos más caros y servicios más reducidos. Una dinámica que podría terminar afectando principalmente a quienes dependen todos los días del colectivo para estudiar, trabajar o acceder a servicios básicos en distintos puntos de la ciudad.



