La universidad pública se defiende: la cuarta Marcha Federal Universitaria convocó a más de un millón y medio de argentinos y argentinas

Antes de que comenzara la cuarta Marcha Federal Universitaria, La Libertad Avanza intentó desacreditar el reclamo al calificarlo como una protesta “opositora”. Pero la respuesta social fue contundente: plazas colmadas en todo el país, una nueva movilización masiva en Tandil y una advertencia que empieza a resonar con fuerza: meterse con la universidad pública también es meterse con el futuro de miles de argentinos.

Horas antes de que miles de personas salieran a las calles para defender la universidad pública en diferentes puntos del país, el gobierno nacional buscó anticiparse al sentido político de la jornada. A través de un comunicado oficial, La Libertad Avanza definió la cuarta Marcha Federal Universitaria como una “marcha política opositora”, en un intento por deslegitimar un reclamo que lleva más de 200 días sin respuesta: el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, aprobada por el Congreso y aún no aplicada por el Ejecutivo.

La estrategia oficial apuntó a encuadrar la movilización como un nuevo capítulo de confrontación política. Pero lo que ocurrió después volvió a mostrar otra cosa: una sociedad que salió masivamente a defender una institución que sigue siendo símbolo de movilidad social, desarrollo colectivo y democracia.

Las plazas del país desbordaron. En Buenos Aires, Rosario, Mendoza, Salta, Tierra del Fuego y decenas de ciudades más, docentes, estudiantes, investigadores, graduados y familias completas marcharon para exigir presupuesto, salarios dignos y respeto por una ley que el Gobierno sigue sin ejecutar. Según se estima, más de un millón y medio de personas participaron en todo el país de la jornada de lucha y movilización.

En Tandil, la respuesta también fue contundente. La comunidad de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires volvió a movilizarse con una masiva marcha de antorchas que reafirmó algo que en la ciudad parece claro: defender la universidad pública también es defender una parte central de la identidad local.

Más que presupuesto: una disputa por el futuro

Desde el Gobierno sostienen que aplicar la Ley de Financiamiento implicaría un gasto incompatible con el equilibrio fiscal y aseguran que las partidas universitarias continúan transfiriéndose con normalidad. Pero desde las universidades advierten otra realidad: salarios que perdieron más del 40% de su poder adquisitivo, renuncias crecientes de docentes e investigadores y un sistema que empieza a mostrar señales concretas de deterioro.

En ese contexto, la frase que atravesó buena parte de la jornada sintetizó el clima del reclamo: “Es muy jodido meterse con los sueños de miles”. Porque lo que está en discusión no es solo una partida presupuestaria. Es la posibilidad de que miles de jóvenes sigan viendo en la universidad pública una herramienta de ascenso social, formación profesional y construcción de futuro.

Cuando la calle desborda el relato oficial

La decisión del oficialismo de intentar desacreditar la movilización antes de que ocurriera expuso una estrategia política clara: correr el eje del debate y transformar una demanda estructural en una disputa partidaria. Pero una vez más, las calles demostraron otra cosa.

La universidad pública volvió a reunir a sectores sociales, políticos y generacionales diversos bajo una misma consigna. Y volvió a marcar un límite: puede discutirse cómo financiarla, puede debatirse cómo mejorarla, pero para una parte importante de la sociedad argentina, su defensa sigue siendo un consenso demasiado profundo como para reducirlo a una simple marcha opositora.

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