Las sierras en disputa: ¿qué ciudad estamos construyendo y quiénes quedan afuera?

La Asamblea por la Preservación de las Sierras participó del taller convocado por el proyecto de investigación sobre la Zona Protegida Natural y llevó un mensaje claro: defender el paisaje no es solo frenar el avance inmobiliario, sino también asegurar que las sierras sigan siendo un bien común para toda la comunidad.

En el marco del Taller Participativo convocado por el proyecto de investigación “Diagnóstico y lineamientos para la gestión sustentable de la Zona Protegida Natural Sierras de Tandil”, impulsado por el Consejo Federal de Inversiones (CFI), la Asamblea por la Preservación de las Sierras llevó un planteo que sintetiza años de reclamos ambientales: “Sin derecho a caminar las Sierras, Tandil no es Tandil”.

La frase no es solo una consigna. Es una definición política sobre qué modelo de ciudad está en juego cuando se debate el presente y el futuro del principal patrimonio natural tandilense.

Desde hace años, la Asamblea viene alertando sobre el avance de urbanizaciones, loteos y excepciones que, según denuncian, erosionan no solo el equilibrio ambiental sino también el vínculo histórico entre la comunidad y su paisaje serrano. En ese marco, su participación en el taller buscó poner en agenda una dimensión que muchas veces queda relegada: el acceso ciudadano.

Preservar también es garantizar lo común

Para la organización, el desarrollo no puede medirse únicamente en términos de crecimiento urbano o valorización inmobiliaria. “Desarrollo es preservar las sierras y cumplir las normas vigentes”, remarcaron, en línea con sus posicionamientos históricos sobre la necesidad de respetar el Plan de Desarrollo Territorial y las restricciones existentes en la Zona Natural Protegida.

Esta vez, el eje estuvo puesto también en otro punto: quiénes pueden disfrutar efectivamente de ese patrimonio. La advertencia apunta a un proceso que observan con preocupación: el cierre progresivo de accesos, la privatización de sectores estratégicos y la consolidación de desarrollos que, aunque legales o tolerados, terminan restringiendo el derecho de la comunidad a recorrer, habitar y apropiarse simbólicamente de las sierras.

En síntesis, el riesgo no es solo perder paisaje. Es perder identidad.

Qué ciudad quiere ser Tandil

“Sin derecho a caminar las Sierras, Tandil no es Tandil” funciona también como una pregunta de fondo sobre el modelo urbano que se está construyendo. Porque preservar no implica únicamente conservar el paisaje desde la distancia. También supone garantizar que siga siendo parte de la experiencia cotidiana de quienes viven en la ciudad.

El planteo cobra especial relevancia en una ciudad donde el debate sobre el avance inmobiliario en sectores serranos viene creciendo, junto con las denuncias por excepciones, loteos y construcciones en áreas donde la normativa establece límites claros.

En esa tensión entre desarrollo, negocio inmobiliario y bien común, la Asamblea volvió a marcar posición: las sierras no son solo un recurso ambiental. Son parte de la memoria, de la identidad y del derecho colectivo a habitar Tandil.

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