Tandil ya está creciendo. Eso es un hecho: dos nuevas familias por día eligen radicarse en la ciudad y, en los últimos cinco años, se construyeron alrededor de 10.000 viviendas. El desarrollo inmobiliario, la llegada de nuevos habitantes y la expansión hacia distintos sectores muestran un proceso que difícilmente pueda pensarse como una posibilidad futura: es una realidad que ya está transformando la ciudad y el modo en que se vive en ella.
Por eso, ya no se trata de discutir si Tandil necesita crecer, sino cómo lo hace, con qué reglas y qué condiciones debe generar el Estado para que ese crecimiento sea sostenible.
El punto central es que una ciudad no se expande solamente a través de nuevas viviendas. También necesita calles, desagües, servicios, espacios públicos, movilidad, equipamiento y obras capaces de acompañar las nuevas demandas. Y esas necesidades no aparecen de un día para otro: en muchos casos pueden anticiparse y planificarse.
La expansión urbana, el aumento de la población y el desarrollo inmobiliario plantean un desafío que excede al sector privado. La pregunta que empieza a ganar lugar en la agenda local es qué puede y qué debe hacer el Estado municipal para planificar ese crecimiento y anticiparse a las problemáticas que conlleva.
El reciente debate por el barrio Arco Iris permite ver una de esas situaciones. El crecimiento urbano y la impermeabilización del suelo plantean desde hace tiempo la necesidad de resolver cuestiones hidráulicas que adquieren mayor relevancia a medida que la ciudad se expande. La discusión no pasa solamente por la obra pendiente, sino por la capacidad de anticipar qué infraestructura va a necesitar una ciudad que continúa creciendo.
Algo similar aparece en torno al nuevo relleno sanitario. Se trata de una problemática conocida desde hace años que no solo no fue prevenida, sino que tampoco ha sido resuelta hasta el momento.
Son dos problemas diferentes, pero expresan una misma tensión: la distancia entre las necesidades que pueden preverse y las respuestas que llegan cuando esas necesidades ya se transformaron en problemas concretos.
El desafío, entonces, no es frenar el crecimiento ni desconocer el valor de la inversión privada. Por el contrario, Tandil tiene allí una oportunidad para generar actividad, empleo y nuevas posibilidades de desarrollo. Pero aprovecharla requiere algo más que acompañar lo que sucede: requiere establecer reglas claras, ordenar prioridades y decidir qué infraestructura necesita la ciudad antes de que la demanda se convierta en urgencia.
La discusión de fondo es, en definitiva, qué ciudad quiere construir Tandil a partir del crecimiento que ya tiene y qué lugar ocupará el Estado municipal en ese proceso: ¿va a seguir observando el desarrollo desde afuera o trabajará para acompañarlo con la infraestructura necesaria?




