La crisis que atraviesa PAMI en Tandil está lejos de encontrar un punto de resolución. Mientras la reciente designación de una nueva responsable para la agencia local buscó transmitir una señal de normalización institucional tras meses de acefalía, la situación cotidiana de afiliados y profesionales de la salud continúa deteriorándose. Ahora, un nuevo conflicto amenaza con profundizar aún más las dificultades de acceso a la atención médica: los médicos de cabecera denunciaron una fuerte reducción en sus ingresos y ya comenzaron a producirse renuncias que podrían afectar directamente a miles de jubilados de la ciudad.
El problema quedó expuesto el jueves pasado, cuando los profesionales recibieron las liquidaciones correspondientes al mes de mayo. Allí comprobaron el impacto de una polémica resolución del organismo nacional que modificó el Nomenclador Común para Médicos de Cabecera y fijó el valor de la cápita en $2.100. Según denuncian desde el sector, la medida implicó una reducción cercana al 50% de sus ingresos habituales.
La situación generó un fuerte malestar entre los profesionales que prestan servicios para la obra social más importante del país. Mientras la Asociación de Profesionales Prestadores de Atención Médica Integral al Afiliado (APPAMIA) analiza posibles medidas de protesta, en Tandil ya comenzaron a verse las primeras consecuencias concretas: al menos dos médicos presentaron su renuncia y varios más evalúan reducir la cantidad de afiliados bajo su atención o disminuir las horas destinadas a la cobertura de PAMI.
La preocupación excede el conflicto salarial. Los médicos de cabecera constituyen la puerta de entrada al sistema de salud de los jubilados. Son quienes realizan controles, gestionan derivaciones, autorizan estudios y articulan el acceso a especialistas. Una reducción en la cantidad de profesionales disponibles impacta directamente sobre toda la cadena de atención.
El efecto dominó sobre el sistema de salud
La eventual salida de médicos de cabecera no sólo afectaría la posibilidad de conseguir turnos. También podría generar un incremento de la demanda sobre el segundo nivel de atención, especialmente en el Hospital Municipal y la Clínica Chacabuco, que recibirían consultas y situaciones que habitualmente son resueltas en el ámbito de la atención primaria.
A esto se suma otro problema: si disminuye la cantidad de profesionales disponibles para tomar afiliados, muchos jubilados podrían quedar en listas de espera para ser asignados a un médico de referencia. En una población donde predominan las enfermedades crónicas y la necesidad de seguimiento permanente, la falta de continuidad en la atención representa un riesgo sanitario significativo.
El escenario resulta particularmente sensible en Tandil, donde PAMI brinda cobertura a aproximadamente 24 mil afiliados y donde el sistema de salud local ya viene absorbiendo una creciente demanda producto de las dificultades que atraviesan otras obras sociales y prestadores.
Una conducción nueva frente a problemas viejos
La crisis se produce además en medio del proceso de asunción de la nueva titular de la agencia local, María José Terreros, quien llega al cargo después de más de cinco meses de vacancia en la conducción de la delegación tandilense.
Sin embargo, más allá del cambio de nombres, los problemas estructurales siguen sin encontrar respuesta. Los reclamos por la cobertura de medicamentos, las dificultades para acceder a determinadas prestaciones, las deudas con prestadores y ahora el conflicto con los médicos de cabecera conforman un escenario que preocupa tanto a los afiliados como a los trabajadores del sistema.
La principal incertidumbre pasa por conocer cuál será la posición que adoptará la nueva conducción local frente a un conflicto cuyas decisiones se toman en el nivel central del organismo. Mientras tanto, los jubilados observan cómo se acumulan los problemas en la principal obra social del país sin que aparezcan soluciones concretas.
Y si las renuncias continúan, el impacto ya no será solamente administrativo ni político: se traducirá en más demoras, menos médicos disponibles y mayores dificultades para acceder a la atención que miles de afiliados necesitan todos los días.




