Bajo la consigna de defender la educación pública en la gran Marcha Federal Universitaria del próximo martes, la comunidad de la Unicen visibiliza una crisis presupuestaria que ha dejado de ser una proyección para transformarse en una realidad crítica. Referentes de los distintos claustros advierten que el impacto del ajuste implementado por el gobierno de Javier Milei ya se traduce en consecuencias directas sobre la permanencia de los alumnos y la estabilidad de los trabajadores. En Tandil, la postal de la universidad pública como motor de ascenso social comienza a desdibujarse frente a una situación económica que obliga a los estudiantes a elegir entre las fotocopias o el plato de comida, mientras docentes y nodocentes se ven empujados a buscar segundos empleos para compensar una pérdida salarial que ya alcanza el 50 por ciento.
Desde el sector estudiantil, la preocupación central radica en un proceso de deserción que se acelera mes a mes. La imposibilidad de afrontar alquileres que no paran de subir, sumado a un transporte cada vez más costoso y becas Progresar que quedaron congeladas en valores irrisorios, ha generado que muchos jóvenes provenientes de la región deban abandonar sus carreras. Esta tendencia está rompiendo el carácter federal y accesible de la institución, ya que hoy solo logran sostenerse aquellos estudiantes que cuentan con residencia en la ciudad o un respaldo familiar extraordinario. «Hace algunos años era impensado que la universidad dejara de ser para todos, pero hoy eso ya está pasando», coinciden los referentes estudiantiles.
En el ámbito laboral, el panorama es igualmente alarmante. El personal nodocente describe un clima de frustración y falta de expectativas ante el licuamiento de sus ingresos, lo que ha derivado en problemas de salud mental y una desmotivación generalizada. Por su parte, el claustro docente e investigador asiste a una incipiente fuga de cerebros hacia el sector privado o directamente al exterior, ya que el sistema científico nacional ha dejado de ser un destino atractivo para los jóvenes profesionales debido a los bajos montos de las becas y la parálisis total en la compra de equipamiento o financiamiento de salidas de campo.
Esta parálisis institucional no solo afecta el presente de las aulas, sino que pone en riesgo la soberanía científica y tecnológica del país a largo plazo. Con proyectos de investigación históricos frenados por la falta de insumos básicos y una infraestructura que se achica día a día, las autoridades de la Unicen remarcan que lo que está en discusión es mucho más que un presupuesto: es el modelo de país. Ante este escenario de desfinanciamiento sistemático, la comunidad universitaria se prepara para una movilización masiva el próximo martes, con el objetivo de visibilizar que, sin una educación pública fuerte, el futuro desarrollo de la sociedad argentina queda seriamente comprometido.




