El transporte público atraviesa una de sus semanas más críticas a nivel nacional, con un efecto dominó que ya se siente en el interior bonaerense. Mientras en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) las cámaras empresarias redujeron un 30% la circulación de unidades alegando que la situación es «inviable» por el aumento del 25% en el gasoil (que ya supera los $2.100) y el retraso en los subsidios, en Tandil la discusión se centra en la sostenibilidad de un sistema que lucha por no quedar en rojo.
El espejo del AMBA: costos por las nubes y falta de gestión
El panorama nacional es desolador: las empresas aseguran que «no tienen para pagar sueldos ni combustible» y denuncian que la falta de una mesa de trabajo con el Gobierno nacional está paralizando el servicio. Este escenario de incertidumbre pone bajo la lupa el valor del boleto en el interior, donde la quita de subsidios nacionales ya obligó a los municipios a revisar cada kilómetro recorrido para evitar que el Índice de Pasajero Kilómetro (IPK) dispare la tarifa por las nubes.
La pelea local: el caso del Cristo de la Sierra
En nuestra ciudad, el debate se encendió en el Concejo Deliberante por el alargue de la Línea 500 (amarilla) hacia Don Bosco y el Cristo de la Sierra. El oficialismo, respaldado por datos del sistema SUMO, calificó de «innecesario» retomar las diez frecuencias diarias que reclaman algunos vecinos. Según las estadísticas, este recorrido es uno de los menos utilizados de la ciudad, con un promedio de apenas dos personas por día.
«De cinco colectivos que van por día, tres van vacíos. No hay ningún dato que haga pensar que hay que volver a diez», sentenció el concejal de la UCR, Juan Salceda. Para el oficialismo, mantener unidades circulando sin pasajeros es una «pseudodemagogia» que termina impactando en el bolsillo de todos los tandilenses al encarecer el costo general del sistema.
Sostenibilidad vs. Pedido vecinal
El conflicto pone de relieve una tensión difícil de resolver: el derecho al transporte de quienes viven en zonas alejadas frente a la realidad económica de un servicio que se volvió deficitario. Mientras la oposición pide al Ejecutivo que restablezca las frecuencias originales, desde el oficialismo devuelven la pelota: «Si el Concejo considera que el colectivo tiene que ir diez veces, que lo voten y se hagan responsables del impacto que eso tendrá en el valor del boleto», disparó Salceda.
Con el gasoil en niveles récord por la crisis internacional y los subsidios nacionales en retirada, Tandil se enfrenta al desafío de rediseñar su mapa de recorridos. La pregunta que queda flotando es cuánto está dispuesto a pagar el usuario por un sistema que, hoy más que nunca, necesita que cada unidad que sale a la calle no circule vacía para no terminar como en Buenos Aires: con largas filas y servicios paralizados.



