Ajuste en la cervecería Quilmes: la planta de Zárate recorta dos tercios de su personal

La crisis del consumo y la apertura de importaciones terminaron de golpear a uno de los gigantes de la industria argentina. Cervecería y Maltería Quilmes anunció una drástica reestructuración en su planta operativa de Zárate, donde la dotación pasará de 260 empleados a apenas 80.

El fin de los tres turnos
La magnitud del recorte es elocuente: la fábrica dejará de operar las 24 horas para funcionar en un solo turno diario. El ajuste, acordado con la comisión interna mediante un plan de retiros voluntarios, busca evitar el cierre definitivo del establecimiento ante una caída en las ventas del 45% respecto al año pasado. Según fuentes gremiales, la intención es sostener al menos el envasado de cerveza con una estructura mínima.

El factor importación y la «batalla cultural»
El caso de Quilmes no es aislado y se suma a las crisis recientes en empresas como Fate o Whirlpool. El sector cervecero siente la presión de una competencia externa que no da tregua: las importaciones de cerveza saltaron un 293% en el último tiempo, ganando terreno en un mercado interno con los bolsillos flacos.

Desde el Gobierno, la postura sigue siendo firme. El discurso oficial sostiene que la industria debe ser competitiva sin protección estatal, tildando de «empresaurios» a quienes piden resguardo. Sin embargo, los números de la realidad industrial son alarmantes: la capacidad instalada de las fábricas argentinas se usa apenas al 53,8%, y en sectores como el automotor, ese número cae al 31%.

Empleo en la cuerda floja
Aunque las estadísticas oficiales de desempleo intentan mostrar estabilidad, los economistas advierten que se están perdiendo miles de puestos industriales genuinos que son reemplazados por cuentapropismo o servicios de aplicaciones. La crisis ya no distingue sectores; incluso empresas ligadas al agro y la energía están empezando a mostrar signos de agotamiento en un escenario de altísima incertidumbre.

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