Tras el violento episodio de agresión escolar que conmocionó a Tandil, el concejal Rogelio Iparraguirre fue entrevistado por Infobae y en diálogo con la periodista María Eugenia Duffard reflexionó sobre el hecho de violencia que sacudió a la ciudad y las acciones necesarias para afrontar el duro momento de los jóvenes y las instituciones educativas. Su análisis pone el foco en las transformaciones culturales, tecnológicas y sociales que atraviesan a las nuevas generaciones y en los desafíos que estos cambios plantean para la escuela, las familias y las instituciones.
Durante la entrevista, la conversación giró en torno a una pregunta cada vez más presente entre docentes, familias y especialistas: ¿qué está pasando con los jóvenes y cómo pueden acompañarlos las instituciones en un contexto marcado por la hiperconectividad, la ansiedad y el cambio permanente de hábitos culturales?
Para Iparraguirre, uno de los grandes desafíos tiene que ver con la relación que los adolescentes construyen con el tiempo. Según explicó, la escuela continúa desarrollándose bajo dinámicas que muchas veces entran en tensión con las formas de consumo y socialización que predominan en el mundo digital. «La escuela transcurre en una dinámica y en una relación con el tiempo que no es la relación con el tiempo que están construyendo los pibes», señaló el concejal, al analizar las dificultades que aparecen hoy dentro de las aulas.
A partir de las investigaciones que realizó durante el tratamiento legislativo de proyectos vinculados a la ludopatía online ensu paso por la Cámara de Diputados de la Nación, Iparraguirre aseguró haber encontrado un aspecto que considera central para pensar políticas públicas destinadas a las juventudes: el rol de la actividad física y el deporte. Según planteó, la educación física y las prácticas deportivas ocupan actualmente un lugar marginal dentro del sistema educativo argentino, pese a que representan una herramienta de enorme valor para la construcción de vínculos, la regulación emocional y el desarrollo de experiencias colectivas. «Encontramos que ahí hay una mina de oro. Es una fuente muy importante de regulación, de contención y además de establecer de nuevo ciertos vínculos y reglas con otros tiempos», afirmó.
En ese sentido, destacó una característica que considera fundamental en tiempos de hiperconectividad: el deporte obliga a la presencialidad y al encuentro con otros. «El deporte, por definición, es offline. No podés entrar a una cancha de fútbol o de básquet haciendo scroll en TikTok o contestando WhatsApp. El deporte te pone en relación con el otro de nuevo en un punto analógico», sostuvo.
Lejos de proponer una mirada que rechace los avances tecnológicos, el concejal aclaró que el desafío consiste en encontrar equilibrios. «No digo que haya que deshacerse de la tecnología. Nuestra vida tiene que encontrar equilibrios y particularmente en determinados espacios, entre ellos los espacios educativos», explicó.
Por eso, consideró necesario abrir una discusión sobre el lugar que ocupan hoy las prácticas deportivas dentro de la formación de niños, niñas y adolescentes, e incluso propuso avanzar hacia una nueva legislación que fortalezca la educación física dentro del sistema educativo.
En medio del debate que abrió el caso ocurrido en Tandil, las reflexiones compartidas en Infobae aportan una mirada que busca correr el foco de la lógica exclusivamente punitiva para preguntarse qué herramientas tiene la sociedad para acompañar a las nuevas generaciones. Y en esa búsqueda, el deporte aparece como uno de los espacios capaces de reconstruir vínculos, generar pertenencia y ofrecer experiencias comunitarias en un tiempo marcado por la fragmentación y la virtualidad.




