A once años de la histórica movilización que marcó un antes y un después en la agenda pública argentina, Tandil volvió a salir a las calles para decir Ni Una Menos. Convocada por la Asamblea Transfeminista de Tandil, la marcha reunió a organizaciones sociales, políticas, sindicales, estudiantiles y de derechos humanos, pero también a cientos de vecinos y vecinas que se sumaron de manera independiente a una jornada de reflexión, memoria y reclamo frente a las distintas formas de violencia que siguen atravesando a mujeres y diversidades.
La concentración comenzó en la Glorieta de la Plaza Independencia y luego recorrió las calles céntricas de la ciudad con banderas, carteles, intervenciones artísticas y cánticos que volvieron a poner en el centro del debate una problemática que, lejos de desaparecer, continúa dejando cifras alarmantes en todo el país.
La movilización realizada en Tandil formó parte de una jornada federal que tuvo réplicas en decenas de ciudades de todo el país. A once años de la primera irrupción de Ni Una Menos, miles de personas volvieron a ocupar plazas y calles desde grandes centros urbanos hasta localidades del interior para reclamar el fin de las violencias por motivos de género, exigir justicia para las víctimas de femicidios, transfemicidios y crímenes de odio, y defender las políticas públicas destinadas a la prevención y el acompañamiento. Bajo distintas consignas y expresiones organizativas, las manifestaciones coincidieron en señalar la vigencia de una problemática que continúa atravesando a la sociedad argentina y que mantiene al movimiento feminista y transfeminista en estado de movilización permanente.
Como cierre del encuentro se leyó un documento consensuado por las organizaciones convocantes, en el que se recordó que desde el primer Ni Una Menos se registraron más de 3.400 femicidios, transfemicidios, lesbicidios e instigaciones al suicidio vinculadas a violencias de género, y que miles de niñas, niños y adolescentes quedaron sin sus madres como consecuencia de estos crímenes. Asimismo, se exigió justicia por Agostina Vega y por todas las mujeres y diversidades víctimas de la violencia machista. Uno de los principales ejes estuvo centrado en la necesidad de fortalecer las políticas públicas de prevención, asistencia y protección frente a las violencias de género. Las organizaciones cuestionaron el desfinanciamiento de programas específicos, advirtieron sobre las dificultades crecientes para acceder a dispositivos de acompañamiento y señalaron que la negación de estas problemáticas profundiza los riesgos para mujeres, infancias y diversidades.
La asamblea también manifestó preocupación por proyectos vinculados a las denominadas «falsas denuncias», al considerar que pueden desalentar la búsqueda de justicia por parte de víctimas de violencia de género y abuso sexual. En ese sentido, remarcaron que la mayoría de las situaciones de violencia ni siquiera llegan a ser denunciadas formalmente, por lo que reclamaron mayores herramientas de acompañamiento institucional. Otro de los puntos destacados fue la denuncia sobre las nuevas formas de violencia que afectan especialmente a adolescentes y jóvenes en entornos digitales. Las organizaciones alertaron sobre la difusión no consentida de imágenes, el hostigamiento en redes sociales, las amenazas y los discursos de odio, y reclamaron la plena implementación de la Ley Olimpia como herramienta para abordar estas situaciones.
El documento también puso el foco en las dificultades para acceder a derechos sexuales y reproductivos, señalando faltantes de medicamentos, recortes en programas de salud sexual y obstáculos para garantizar el acceso efectivo a las interrupciones voluntarias del embarazo contempladas por la legislación vigente.
A lo largo de la movilización se escucharon además reclamos vinculados a las condiciones económicas y sociales que afectan de manera particular a mujeres y diversidades. La sobrecarga de las tareas de cuidado, la precarización laboral, el endeudamiento de los hogares y la dificultad para sostener las economías familiares fueron señaladas como expresiones de desigualdades estructurales que profundizan distintas formas de violencia.
La jornada concluyó con un llamado a sostener la organización colectiva frente a un contexto que, según expresaron las organizaciones participantes, continúa demandando políticas públicas, acceso a la justicia y acciones concretas para erradicar las violencias por motivos de género.
A once años del primer Ni Una Menos, las calles de Tandil y de todo el país volvieron a convertirse en un espacio de encuentro, memoria y reclamo. Una movilización que, más allá de las consignas coyunturales, ratificó la vigencia de una demanda que atraviesa a distintas generaciones: el derecho a vivir una vida libre de violencias.




