Tandil: crecer sin perder el paisaje

Por Azul Balbiani

Durante muchos años, Tandil construyó su identidad turística alrededor de sus sierras, su tranquilidad y su calidad de vida. Lo que comenzó como un destino más asociado al turismo religioso, hoy es una ciudad elegida por miles de visitantes que buscan naturaleza, gastronomía, deporte, ruralidad y experiencias diferentes a las de las grandes ciudades.

Ese crecimiento, claro, trae cosas positivas. Genera trabajo, movimiento económico y nuevas oportunidades. Pero también deja una pregunta que cada vez aparece más seguido: ¿cómo seguir creciendo sin poner en riesgo aquello que justamente hace especial a Tandil?

En los últimos años, las sierras empezaron a recibir una presión cada vez mayor. El auge del trail running, las carreras de aventura, los nuevos alojamientos en zonas serranas y el aumento de actividades recreativas generan movimiento y atractivo turístico, pero también impactos concretos sobre el ambiente: erosión de senderos, compactación del suelo, residuos, pérdida de biodiversidad y conflictos en el uso del territorio. Y probablemente ahí esté el punto más importante: la discusión ya no debería pasar por estar “a favor” o “en contra” del turismo. El desafío es cómo gestionarlo de manera responsable.

En ese sentido, Tandil tiene una oportunidad interesante para empezar a pensar su desarrollo desde la perspectiva de los Destinos Turísticos Inteligentes (DTI), una tendencia que hace algunos años viene creciendo en distintas partes del mundo.
A veces se asocia el concepto solamente con tecnología, aplicaciones o digitalización. Pero un DTI es bastante más que eso. Tiene que ver con planificar mejor, usar información para tomar decisiones, pensar en la sostenibilidad y lograr que el turismo mejore tanto la experiencia de quienes visitan la ciudad como la calidad de vida de quienes la habitan todos los días.Porque el desafío ya no es solamente atraer más turistas. También es aprender a crecer sin deteriorar aquello que hace atractiva a la ciudad.

Y Tandil tiene condiciones muy valiosas para avanzar en ese camino: universidades y equipos técnicos que investigan el territorio, prestadores turísticos con experiencia, organizaciones sociales y ambientales comprometidas, y una identidad local muy fuerte que todavía conserva rasgos propios.

Pensar a Tandil como un DTI implica pasar de un crecimiento espontáneo a uno más planificado. Significa conocer mejor qué impactos genera el turismo, ordenar ciertas actividades en las sierras, discutir límites, cuidar el paisaje y fortalecer espacios de trabajo conjunto entre el Estado local, las universidades, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil y los distintos actores comunitarios vinculados al territorio.

Pero además, quizás haya que empezar a mirar más allá de las sierras. Muchas veces Tandil reduce su imagen turística únicamente al paisaje serrano, cuando en realidad tiene otros atributos culturales y patrimoniales muy valiosos. La historia de las canteras y la inmigración, los antiguos corrales de piedra, las tradiciones rurales, los pueblos y parajes del partido, la producción regional, los viñedos, los saberes locales y distintas expresiones culturales forman parte de una identidad que también podría ocupar un lugar más importante dentro de la oferta turística.

Diversificar las experiencias y distribuir mejor los flujos de visitantes no solo ayudaría a disminuir la presión sobre los sectores más sensibles, también permitiría construir un turismo más equilibrado, con mayor arraigo territorial y nuevas oportunidades para distintas comunidades del partido.

Tandil todavía tiene algo muy valioso que muchas ciudades ya perdieron: está a tiempo de discutir cómo quiere crecer antes de que ciertos problemas sean irreversibles.

Tal vez el gran desafío de los próximos años no sea solamente atraer más turistas, sino animarnos a debatir qué tipo de destino queremos ser.

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