La industria del neumático en Argentina atraviesa uno de los escenarios más complejos de su historia reciente. En una nueva muestra de la contracción que afecta al sector productivo, la firma multinacional Pirelli determinó la suspensión total de actividades en su planta de Merlo durante las 24 horas correspondientes al domingo 24 de mayo. La medida, acordada con el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), paralizará los tres turnos habituales de la fábrica de lunes a lunes, empalmando con el feriado del lunes 25 y previendo la reanudación de tareas para el martes 26. A pesar del cese de operaciones, se garantizó el pago del 100% del salario a los operarios afectados.
Según informes, el freno temporal de Pirelli responde directamente al recorte productivo de la terminal automotriz Stellantis (El Palomar), firma a la que abastece para el equipamiento de los modelos Peugeot 208 y 2008. Stellantis sufre un marcado ajuste para el bimestre de mayo y junio debido al desplome de las ventas en el mercado interno y una fuerte caída en las exportaciones hacia Brasil, lo que obligará a la automotriz a reducir sus operaciones de dos turnos a uno y a abrir un esquema de retiros voluntarios para parte de sus 2.300 trabajadores.
La situación de Pirelli, sin embargo, refleja un deterioro estructural más profundo. Mientras que en 2013 la planta alcanzaba picos de producción de hasta 18.000 cubiertas diarias —y cerca de 10.500 unidades antes del recambio institucional a nivel nacional—, la fabricación actual oscila entre los 3.500 y 5.000 neumáticos por día. Paralelamente, la plantilla laboral de la empresa italiana en Merlo se redujo drásticamente en los últimos años, pasando de 1.400 operarios a poco más de 700 tras registrarse desvinculaciones forzadas y denuncias por presunta violencia laboral ante la cartera de trabajo bonaerense e instancias judiciales.
Una radiografía sectorial en rojo
Desde el SUTNA detallaron que un total de 3.000 trabajadores del sector del neumático perdieron sus puestos de trabajo en los últimos meses. La crisis arrastra el antecedente del cierre definitivo de Fate en febrero pasado, la única fabricante de capitales nacionales que cesó sus operaciones locales dejando a 920 personas desempleadas. Desde el gremio conducido por Alejandro Crespo calificaron la maniobra de Fate como un «lockout patronal ilegal», argumentando que la firma omitió los pasos legales correspondientes y violó un acuerdo de estabilidad laboral vigente hasta junio, motivo por el cual la Justicia dictó un embargo que obliga a la empresa a seguir abonando sueldos mientras la planta permanece tomada por el personal.
El panorama se repite en Bridgestone, la tercera gran productora del país, donde la dotación de personal cayó de 1.300 empleados a menos de 500, con niveles de fabricación que retrocedieron de 10.000 a 4.500 cubiertas diarias. El impacto de la recesión fabril ya se extiende a la cadena de valor: la multinacional estadounidense Cabot cerró de manera definitiva su histórica planta de Campana, donde producía negro de humo —un insumo crítico para la vulcanización del caucho—, dejando a 150 operarios en la calle, mientras que en Córdoba, los empleados de la recapadora Ruiz mantienen un acampe desde hace 20 días tras el cierre de las instalaciones y la presentación de un concurso de acreedores.
Representantes gremiales y empresarios coinciden en que las actuales variables macroeconómicas favorecen un esquema donde resulta más rentable importar que producir a nivel local. Según las estadísticas del sector, el 75% de las cubiertas comercializadas en Argentina provienen del exterior, principalmente desde China. Los fabricantes locales advierten que se enfrentan a una situación de competencia asimétrica o dumping, argumentando el ingreso masivo de productos asiáticos subsidiados a valores inferiores a sus costos reales de producción, un fenómeno que se ve facilitado por el desmantelamiento de los organismos de control estatal.




