La Provincia interrumpió por 90 días el envío de módulos alimentarios tras denunciar que el Gobierno nacional no gira los recursos. En Tandil, el impacto alcanza a miles de estudiantes y obliga a reconfigurar la asistencia en comedores escolares.
La suspensión del programa Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria (MESA) en la provincia de Buenos Aires tiene un punto de origen claro: la falta de transferencia de fondos por parte del Gobierno nacional. Así lo planteó la administración bonaerense al justificar la interrupción por 90 días de una política que complementaba la alimentación de más de dos millones de estudiantes, incluidos unos 17.000 en Tandil.
Desde el 1° de mayo, los módulos alimentarios que llegaban mensualmente a los hogares dejaron de entregarse. En la ciudad, la medida impacta directamente en alrededor de 13.000 alumnos que reciben desayuno y merienda en escuelas, y otros 4.000 que asisten a comedores escolares. Para muchas familias, el bolsón representaba un refuerzo concreto en un contexto económico cada vez más ajustado.
En Tandil, la primera respuesta institucional frente a la suspensión del programa MESA apunta a reforzar la asistencia dentro de las escuelas. La presidenta del Consejo Escolar, Diana Balbín, explicó que se avanzará en una mejora de los menús del Servicio Alimentario Escolar, con mayor incorporación de proteínas, lácteos, frutas y verduras. La estrategia busca compensar, al menos parcialmente, la ausencia de los módulos alimentarios que llegaban a los hogares, concentrando los recursos disponibles en los comedores donde el Estado puede garantizar la provisión diaria de alimentos.
Un recorte con origen en la disputa Nación–Provincia
El gobierno bonaerense atribuyó la suspensión a una deuda acumulada del Estado nacional en concepto de fondos destinados al Servicio Alimentario Escolar. Según estimaciones oficiales, ese monto ronda los $220.000 millones. En ese marco, la decisión de frenar el MESA aparece como una consecuencia directa de un conflicto político y financiero que excede a los municipios.
La discusión escaló en las últimas semanas con reclamos formales, movilizaciones de intendentes y un fuerte cruce entre funcionarios provinciales y nacionales. Mientras desde la Provincia señalan que no pueden sostener el programa sin esos recursos, desde Nación no hubo hasta el momento respuestas concretas que garanticen la continuidad del financiamiento.
El impacto en Tandil
En el plano local, la suspensión fue confirmada por el Consejo Escolar, que comenzó a reorganizar la asistencia alimentaria en las escuelas. La estrategia apunta a reforzar los comedores escolares, incrementando la calidad y cantidad de los alimentos que se sirven en los establecimientos.
Sin embargo, el cambio implica una modificación sustancial: el alimento deja de llegar a los hogares. Esa diferencia no es menor. El MESA funcionaba como un complemento que muchas familias ya habían incorporado a su economía doméstica, especialmente en un contexto de pérdida de poder adquisitivo.
Qué se cubre y qué queda pendiente
La Provincia anunció un aumento en las partidas del Servicio Alimentario Escolar para fortalecer los menús, con mayor presencia de proteínas, lácteos, frutas y verduras. La lógica es concentrar los recursos en espacios donde el Estado puede garantizar la entrega efectiva.
Pero hay una zona que queda sin cobertura directa: el consumo fuera del ámbito escolar. Para las familias que dependían del bolsón, ese aporte no tiene un reemplazo automático, lo que abre interrogantes sobre cómo se sostendrá la alimentación diaria en los hogares más vulnerables.
Un escenario abierto
La suspensión del programa tiene un plazo inicial de 90 días, hasta fines de julio, período en el que se evaluará su continuidad en función del escenario económico y, especialmente, de la evolución del conflicto por los fondos entre Nación y Provincia.
Mientras tanto, en Tandil los comedores seguirán funcionando y reforzando sus prestaciones. Pero el trasfondo del problema permanece: la falta de financiamiento nacional ya tiene consecuencias concretas en la ciudad, y el impacto de esa decisión empieza a sentirse en uno de los sectores más sensibles, la alimentación de niños y niñas.




