¿Quién enseña educación vial a los tandilenses?

Los números del primer trimestre de 2026 son contundentes: 293 siniestros, casi cuatro choques por día y la pérdida de control al volante como principal causa identificable. Los datos del Observatorio Vial municipal reabren una pregunta que Tandil se debe hace tiempo: ¿quién se encarga de formar a quienes circulan por sus calles?

Marzo fue el peor mes del trimestre. Mientras la ciudad todavía terminaba de sacudir el verano, los registros del Observatorio Vial del Municipio de Tandil ya marcaban 112 siniestros en apenas 31 días. El informe del primer trimestre de 2026, elaborado por la Subsecretaría de Innovación Tecnológica y la Dirección de Estadística Local, cerró el período enero-marzo con 293 eventos viales, 820 vehículos involucrados y 29 peatones que, de una u otra manera, quedaron dentro de alguno de esos números.

La cifra es levemente inferior a la del cierre de 2025, que había alcanzado los 303 eventos. Pero la mejora marginal no alcanza para disimular un problema estructural que los propios datos delatan: cuando los analistas intentaron establecer la causa de cada siniestro, en el 29,3% de los casos no pudieron determinar ninguna. Y entre las causas identificables, la más frecuente —con casi el 25% de los registros— fue la pérdida de control del vehículo.

El conductor en el centro de la escena
El informe desagrega los datos con precisión. El 37% de los vehículos involucrados eran automóviles; el 30%, motocicletas. Juntos, esos dos tipos concentran más de dos tercios de los siniestros. Las motocicletas, en particular, representan un desafío específico: son el vehículo más difícil de estabilizar ante una maniobra brusca, el que menos protección ofrece al conductor y, en muchos casos, el que se adquiere y se conduce sin una formación vial rigurosa.

Detrás de la pérdida de control, el segundo factor identificable fue el no respeto de la prioridad de paso (10,3%), seguido por la distracción (9,8%), las maniobras peligrosas (8,7%) y el exceso de velocidad (6,2%). Todos ellos son, en distintas medidas, comportamientos que se aprenden —o que se debería aprender a evitar— antes de subirse a un vehículo.

El dato no pasa desapercibido para quienes estudian la seguridad vial: la mayoría de las causas identificables remite a decisiones humanas, no a fallas mecánicas ni a condiciones extremas de la vía. El 83% de los siniestros ocurrió sobre asfalto, es decir, en condiciones de pavimento óptimas. El 94% fue en zona urbana, donde los límites de velocidad son más bajos y la señalización, más densa. Y el 67% sucedió de día, con buena visibilidad.

La ciudad como aula sin docente
Los datos del Observatorio Vial iluminan también dónde ocurren los siniestros. El 61% se registró en calles, el 28% en avenidas. El 41% fue en tramos rectos —donde, en teoría, la conducción debería ser más simple— y el 36% en intersecciones, ese momento crítico en el que dos trayectorias se cruzan y alguien tiene que ceder el paso.

Intersecciones y rectas, dos escenarios de la conducción cotidiana que, en conjunto, concentran más del 75% de los eventos. No son rutas peligrosas ni condiciones climáticas adversas: son las calles de todos los días, los mismos cruces que un tandilense atraviesa decenas de veces por semana.

Frente a ese escenario, la pregunta por la educación vial deja de ser retórica. ¿Dónde aprenden los tandilenses a manejar? ¿En las autoescuelas, que en muchos casos priorizan la aprobación del examen sobre la formación real? ¿En la calle, de la mano de un familiar que tampoco recibió educación formal? ¿O no aprenden, y la ciudad los recibe igual, con su tránsito y sus 42 siniestros semanales como promedio?

El lunes, el martes y el domingo: días que incomodan
Hay un dato del informe que, a primera vista, parece menor pero que habla más de lo que dice. Los días con mayor concentración de siniestros fueron el lunes, el martes y el domingo. No el viernes a la noche, no el sábado de madrugada —el estereotipo del accidente ligado al alcohol y la noche. El domingo y los primeros días hábiles.

El 67% de los eventos ocurrió en horario diurno, entre las 7 y las 20 horas. Son los horarios del trabajo, de la escuela, del supermercado. Los siniestros de Tandil, en su mayoría, no son el resultado de una noche de excesos: son la crónica de la circulación de todos los días.

Eso hace más urgente —y más incómoda— la pregunta sobre la educación vial. Porque no estamos hablando de casos excepcionales. Estamos hablando de lo que pasa cada mañana cuando alguien sale de su casa en moto o en auto y se incorpora al tránsito de una ciudad que, en el primer trimestre de este año, registró casi tres siniestros y medio por día.

El 63% salió ileso. El 35%, con heridas leves. El resto, no tanto

El informe también cuenta lo que les pasó a las personas involucradas. El 63% resultó ileso o con lesiones no urgentes. El 35% sufrió heridas leves. Y el 2% restante quedó en situación grave o con riesgo de vida.
En términos absolutos, con 293 eventos en el trimestre, ese 2% equivale a seis personas que pusieron en riesgo su vida circulando por Tandil entre enero y marzo. Seis personas en noventa días, en una ciudad de poco más de 130.000 habitantes.

El Observatorio Vial cumple su función: cuenta, mapea, sistematiza. El informe incorpora por primera vez el Formulario Estadístico Único propuesto por el Observatorio Vial Nacional, lo que amplió las categorías de análisis y permite comparaciones más precisas con otras ciudades del país.

Pero los datos, solos, no cambian comportamientos. La pregunta que el informe deja abierta —sin poder responderla, porque no es su función— es la misma que Tandil debería estar haciéndose en cada escuela, en cada autoescuela, en cada dependencia municipal que tenga algo que ver con la circulación: ¿quién enseña educación vial? ¿Y cuándo empieza, de verdad, a hacerlo?

Fuente: Informe del Observatorio Vial de Tandil — Primer Trimestre 2026.

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