Día del Trabajador y la Trabajadora: ¿Por qué se celebra el 1° de mayo?

El Día Internacional del Trabajador no nació como una jornada de festejo, sino como un recordatorio de una de las luchas más sangrientas del movimiento obrero organizado. A finales del siglo XIX, los trabajadores en Estados Unidos carecían de reglas claras y enfrentaban jornadas laborales inhumanas que podían extenderse hasta las 18 horas diarias. Bajo la consigna «ocho horas para el trabajo, ocho para el sueño y ocho para la casa», el 1° de mayo de 1886 se inició en Chicago una huelga masiva que paralizó al país con casi medio millón de obreros en las calles.

La tensión social desembocó el 4 de mayo en la famosa Revuelta de Haymarket. Durante una manifestación, el estallido de una bomba contra las fuerzas policiales desató una represión feroz que terminó con muertos, heridos y el arresto de numerosos sindicalistas. En un juicio plagado de irregularidades y sin pruebas concluyentes, ocho dirigentes anarquistas fueron condenados; cinco de ellos fueron ejecutados en la horca, pasando a la posteridad como los Mártires de Chicago.
Fue en 1889, durante un congreso en París de la Segunda Internacional, cuando se oficializó el 1° de mayo como el Día del Trabajador para honrar la memoria de aquellos huelguistas. Curiosamente, aunque los hechos ocurrieron en suelo estadounidense, ese país celebra el Labor Day en septiembre. El entonces presidente Grover Cleveland decidió alejar los festejos de la fecha de mayo para evitar que la conmemoración fortaleciera los movimientos socialistas y anarquistas en la región.

Pero la historia del trabajo no puede contarse sin las mujeres. Desde los inicios del movimiento obrero, las trabajadoras estuvieron presentes en las fábricas, en las marchas y en las huelgas, aunque durante mucho tiempo permanecieron invisibilizadas dentro de los propios sindicatos que debían representarlas. Enfrentaban una doble carga: la explotación en el ámbito laboral y, al volver a sus hogares, la responsabilidad exclusiva de las tareas de cuidado y de la reproducción de la vida familiar, un trabajo no remunerado que el sistema económico nunca reconoció como tal.

Con el tiempo, los movimientos de mujeres y feministas lograron ampliar la agenda del 1° de mayo. Hoy, la fecha también es un espacio para reclamar el reconocimiento de las tareas domésticas y de cuidado, la regularización del trabajo en casas particulares, el fin de la precarización laboral por razones de género, la erradicación de las violencias en entornos de trabajo y sindicales, y una representación igualitaria en los espacios de poder y decisión, incluidos los propios gremios.
Así, el Día Internacional de las Trabajadoras y los Trabajadores sigue siendo mucho más que una conmemoración histórica: es una fecha viva, que crece y se actualiza con cada nueva lucha por ampliar derechos y reducir desigualdades.

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