La ciudad genera entre 160 y 170 toneladas de residuos por día, mientras más de la mitad termina enterrada sin tratamiento. El colapso del relleno sanitario, los contenedores desbordados en los barrios y la ausencia de una política integral exponen una crisis que ya dejó de ser ambiental para convertirse en urbana.
Tandil produce diariamente entre 160 y 170 toneladas de residuos sólidos urbanos, pero más del 50 por ciento de ese volumen corresponde a materia orgánica que termina enterrada sin tratamiento. El dato, revelado por un informe del Cinea (Unicen), no solo describe una ineficiencia estructural: refleja el trasfondo de una crisis que hoy se expresa en los barrios periféricos, con contenedores colapsados, microbasurales y vecinos cada vez más indignados.
Los residuos se depositan en el relleno sanitario municipal ubicado sobre la Ruta Nacional 226, un predio que desde hace años muestra signos de saturación y limitaciones estructurales. El debate ya no pasa solamente por mejorar su funcionamiento, sino por definir si la salida será ampliar su capacidad o repensar de raíz el modelo de gestión residual que sostiene Tandil.
La manta corta de los residuos orgánicos
El estudio elaborado por las investigadoras De Luca, Sosa y Banda Noriega pone el foco en uno de los principales puntos ciegos del sistema: los residuos orgánicos. Particularmente, analiza el circuito de las verdulerías, donde por cuestiones comerciales, logísticas y estéticas se desechan diariamente grandes volúmenes de frutas y verduras.
En Tandil funcionan más de 500 locales de este tipo. Si bien parte de esos alimentos se recupera de manera informal para donaciones o alimento animal, la mayoría termina en el relleno sanitario. Solo ese descarte le cuesta al Municipio más de 1,4 millones de pesos diarios. Es decir: recursos públicos que se entierran por no contar con un esquema de separación en origen, recuperación y compostaje.
El dato cobra aún más relevancia en una ciudad donde la fracción orgánica representa la porción más pesada y abundante de la basura domiciliaria. Resolver ese segmento permitiría reducir costos operativos, extender la vida útil del relleno y mejorar el impacto ambiental.
El relleno sanitario, al límite
La situación del predio de disposición final dejó de ser una advertencia técnica para convertirse en un problema político. Especialistas y actores del sector vienen señalando que el relleno sanitario se acerca a un punto crítico, producto del crecimiento urbano, el aumento sostenido de residuos y la falta de transformaciones profundas en el sistema.
Mientras algunos sectores plantean ampliar la capacidad del actual predio, otros sostienen que insistir con la lógica de enterrar basura solo posterga el problema. La discusión de fondo es si Tandil continuará apostando a un esquema lineal de recolección y disposición final o avanzará hacia un modelo basado en reducción, reciclado, compostaje y economía circular.
Incluso experiencias cercanas, como la de Benito Juárez, comenzaron a mostrar caminos alternativos con plantas de separación, recuperación de materiales y menor dependencia de rellenos sanitarios tradicionales.
El síntoma visible: contenedores explotados en los barrios
Mientras el sistema absorbe costos millonarios por no separar residuos, en los barrios la crisis se vuelve cotidiana. En zonas como La Elena y Villa Laza, la postal de contenedores desbordados en esquinas como Pavón y Caligüe expone las falencias del esquema actual.
Vecinos denuncian acumulación de basura, malos olores, presencia de roedores y residuos esparcidos en la vía pública. La escena se repite: contenedores llenos durante días, bolsas abiertas y esquinas convertidas en microbasurales.
Detrás de esa imagen aparece el problema estructural: la ciudad se expande, se suman viviendas y se instalan contenedores, pero no crece al mismo ritmo la planificación logística, la frecuencia de recolección, la educación ambiental ni la fiscalización sobre arrojo indebido.
Crecer sin planificar
Tandil mantiene un ritmo sostenido de crecimiento demográfico y urbano. Sin embargo, el sistema de residuos continúa funcionando bajo una lógica pensada para otra escala de ciudad. Limpiar, recolectar y enterrar ya no alcanza.
La crisis en La Elena y otros barrios periféricos funciona como una señal de alarma sobre un problema más profundo: una ciudad que crece, consume y genera cada vez más residuos, pero sin una estrategia integral para gestionarlos.
La discusión pendiente
El informe del Cinea y la situación del relleno sanitario vuelven a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para la gestión local: ¿cuánto más puede Tandil sostener un sistema basado casi exclusivamente en esconder la basura bajo tierra?
La salida exige inversión, planificación y decisión política. Separación en origen, tratamiento de orgánicos, ampliación de circuitos de reciclado, educación ambiental y rediseño logístico aparecen como medidas urgentes.
Porque la basura, hace tiempo, dejó de ser solo un tema de higiene urbana. Hoy también es una radiografía de cómo se piensa —o no se piensa— el futuro de Tandil.



