La disputa por el transporte por aplicaciones volvió a abrir un nuevo capítulo esta semana, cuando el paisaje cotidiano de la Avenida Marconi se vio sacudido por un operativo que terminó con un auto en el playón municipal y un fuerte despliegue policial. Personal de la Dirección de Tránsito interceptó un vehículo que prestaba servicios para Uber justo frente a la Escuela Primaria N° 5, en el momento exacto en que los alumnos salían de clase. El episodio, que incluyó la resistencia del conductor a bajar de la unidad, pone otra vez sobre la mesa la pelea de fondo: ¿qué pasa con el transporte por aplicaciones en Tandil?
El operativo en Marconi: tensión y falta de papeles
Minutos después de las 17:00, los agentes municipales advirtieron la maniobra cuando un pasajero bajó del auto y pagó el viaje en efectivo. Al pedir la documentación, saltaron todas las alarmas: el conductor no tenía licencia profesional ni el seguro obligatorio para transporte de pasajeros, además de carecer de la habilitación municipal. Ante la negativa del hombre a entregar el coche, tuvo que intervenir la Policía Bonaerense para que la grúa pudiera finalmente llevarse el vehículo.
Uber y el Municipio: una relación «fuera de regla»
A pesar de que Uber ya opera en la ciudad hace meses, la empresa estadounidense todavía no presentó ningún trámite de habilitación. Según explicaron desde la Comuna, la firma plantea que no se siente alcanzada por la legislación que regula a taxis y remises (la ordenanza 12.153). Sin embargo, para Control Urbano la regla es corta: si no hay habilitación, el servicio es ilegal.
Desde el Municipio aseguran que «no son muchos» los autos que funcionan bajo esta modalidad, pero admiten que los choferes han sofisticado sus tácticas para no ser detectados, como pedirle al pasajero que viaje en el asiento delantero o que niegue el uso de la app ante un control.
Entre la seguridad y la modernización
El principal argumento del Municipio para mantener los controles estrictos es la seguridad del pasajero. Al no haber un registro oficial, se desconoce si el chofer tiene antecedentes o si el auto está en condiciones mecánicas óptimas. Pero del otro lado, la demanda de los usuarios por precios más bajos y mayor comodidad sigue presionando a un sistema de transporte tradicional que, en horas pico o días de lluvia, muchas veces no da abasto.
Por ahora, la postura oficial es clara: los operativos aleatorios van a seguir y cualquier auto detectado operando para Uber será secuestrado. El interrogante es cuánto tiempo más podrá Tandil sostener esta «clandestinidad tolerada» antes de que la presión de los usuarios y la realidad tecnológica obliguen a sentar a todas las partes en la misma mesa.



