Verde el paño de la libertad

Por Meri Farinati. Lic. en Comunicación Social, Capacitadora de ESI.

En la foto que puebla los medios y las redes predomina el color verde, pero no es de cualquier tono. Es un verde fuerte, espeso, vibrante. Como las voces de las mujeres y disidencias que lo llevan en sus cuerpos, en sus caras, en los carteles. En sus historias.

La segunda década del siglo XXI en Argentina estuvo caracterizada por un movimiento: la marea verde. Millones de personas dispuestas a dar una lucha que no era nueva ni grata, pero que había que volver a poner en agenda. Había que hablar.

Donde había silencio, el feminismo puso palabras. Donde había oscuridad, el feminismo puso luz. Donde había clandestinidad, el feminismo puso legalidad. Porque la práctica del aborto siempre estuvo ahí, en las historias de las tías y las abuelas contadas a media voz, enigmáticas. En las primas, amigas, vecinas muertas sin muchas explicaciones. En la vergüenza de sus familias. En el miedo a quedar embarazada y no querer. O no poder.

En el 2018 la fuerza, la esperanza, la motivación, la lucha de las que estuvieron antes, el grito, los abrazos. El voto negativo. La desilusión.

En el 2020 la misma fuerza, la esperanza, la motivación, la lucha de las que estuvieron antes y de nosotras mismas, el grito, los abrazos. Pero también la furia, el hartazgo, el cansancio. Y pasó lo impensado.

El 30 de diciembre de 2020 amanecimos con un país más justo, un país donde los cuerpos gestantes tenían más derechos. Para muchas de nosotras fue la primera vez que nos sentimos parte de algo más grande, parte de un momento histórico, parte de un hecho que cambiaba nuestras vidas y las vidas que venían y sobre todo, las vidas que perdimos.

Porque el debate nunca fue ni será bebé si o bebé no. El debate siempre fue sobre la maternidad, sobre el deseo y sobre el derecho a decidir. Por eso, a quienes fuimos parte no nos sorprende ver a una de nosotras embarazada. Nos alegra, nos hermana, porque es una maternidad deseada, buscada, anhelada. Es una vida que llega a una familia que esperó, buscó, soñó.

El 28 de septiembre es el Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro. Si ya logramos todo, ¿por qué necesitamos un día? Muchas cosas ya se escribieron y muchas más podríamos decir, pero la realidad siempre supera cualquier reflexión.

La Ley 27.610 establece la regulación del acceso a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) y a la atención postaborto, entendiendo que el Estado argentino debe garantizar el acceso a la Salud Pública y debe velar por los derechos de las mujeres y de las personas (de cualquier otro género) con capacidad de gestar. El fin último, además, es contribuir con una política pública sostenida y actualizada a la reducción de la morbilidad y mortalidad prevenible.

Según Proyecto Mirar, entre 2020 y 2024 en Argentina, la Tasa específica de fecundidad adolescente (10-19 años) disminuyó un 5,7% y la Tasa de fecundidad adolescente tardía (15-19 años) lo hizo en un 11,02%. A su vez, las muertes maternas por aborto también cayeron un 1,1%. Todos estos datos fueron extraídos de los boletines oficiales del Ministerio de Salud de la Nación.

Y claro que los números son importantes, pero aún más importante es dimensionar que detrás de esos valores se encuentran identidades y trayectorias que significativamente vieron un impacto positivo de la IVE en sus vidas. Son adolescentes que no vieron interrumpida su escolaridad por un embarazo no deseado y que pudieron conocer y acceder a métodos anticonceptivos y, sobre todo, a información de calidad. Son mujeres que no murieron en una camilla clandestina por querer decidir. Son proyectos que se hacen posibles. Son personas que pudieron elegir y tomar las riendas de sus vidas.

En tiempos donde la gran preocupación es la baja en la natalidad, es muy fácil culpar a esa marea poderosa. Mucho más fácil que reflexionar sobre las condiciones socioeconómicas de los argentinos o sobre el acceso a empleos de calidad. También, mucho más fácil que preguntarse qué estamos haciendo con el planeta y qué mundo queremos dejarle a las próximas generaciones. Porque no, las mujeres no abortan más ahora que es legal. Simplemente, no se mueren intentándolo.

Esta causa no terminó ese 30 de diciembre. Muy por el contrario, continúa cada vez que una persona solicita su derecho y se lo niegan. Cada vez que el Estado Nacional y los Estados Provinciales reducen los presupuestos destinados a Salud Pública. Cada vez que una persona queda embarazada sin desearlo, en condiciones muy alejadas al deseo y el amor. Cada vez que una adolescente quiere conseguir métodos anticonceptivos y es juzgada. Cada vez que alguien va a un Centro de Salud y los profesionales no tienen los recursos para acompañarla. Cada vez que una niña es obligada a parir. Por eso, seguiremos tiñendo de verde las redes sociales, las calles y las palabras, cada 28 de septiembre, y cada vez que haga falta.

Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. Para nosotras, para nuestra posteridad y para todas los cuerpos gestantes que deseen habitar el suelo argentino.

Relacionado