Los hechos de violencia registrados en los últimos días volvieron a poner la nocturnidad tandilense en el centro de la agenda. Un episodio ocurrido en el pasaje Newbery, a metros de un local bailable, terminó con dos jóvenes heridos de bala y derivó en una denuncia del Municipio y la clausura por 15 días del establecimiento ubicado sobre avenida España al 700. Pero detrás de ese caso puntual reaparecieron reclamos y discusiones que llevan más tiempo: la presencia policial, los controles, la concentración de la actividad nocturna y la convivencia entre quienes salen a divertirse y quienes viven en las zonas donde funcionan los boliches.
El episodio ocurrió durante la madrugada del jueves y tuvo como escenario el pasaje Newbery al 900. Según la información difundida, una discusión entre una vecina y un grupo de jóvenes escaló hasta que el marido de la mujer efectuó disparos con un arma de fuego, provocando heridas a dos jóvenes de 24 y 22 años. Un hombre de 34 años fue aprehendido en el marco de la investigación, que quedó a cargo de la UFI 12.
A partir del hecho, el Municipio presentó una denuncia ante la Fiscalía y aportó registros de las cámaras de videovigilancia. Además, la Dirección de Habilitaciones dispuso la clausura del boliche por 15 días, a partir de incumplimientos vinculados con las obligaciones previstas para los establecimientos de diversión y entretenimiento.
Un problema que excede a un boliche
La particularidad del caso es que el conflicto no aparece aislado. Vecinos del pasaje Newbery ya habían planteado ante el Foro de Seguridad, en noviembre de 2024, problemas vinculados con la actividad nocturna y los ruidos molestos.
Aquellos reclamos incluían situaciones derivadas de la concentración de personas durante la madrugada, suciedad y dificultades para descansar. En ese momento se habían realizado operativos nocturnos específicos con participación de distintas áreas municipales y policiales, aunque se trató de medidas puntuales que no modificaron de manera permanente la dinámica de la zona.
La situación vuelve a plantear una cuestión que excede la responsabilidad individual de quienes protagonizan hechos de violencia: cómo se organiza la nocturnidad de una ciudad que creció, cómo se distribuyen los espacios de entretenimiento y qué herramientas existen para prevenir conflictos antes de que terminen convirtiéndose en episodios policiales.
Más seguridad, pero también más prevención
A los reclamos relacionados específicamente con la nocturnidad se suma una discusión más amplia sobre los recursos disponibles para la prevención. Desde el Foro de Seguridad se volvió a plantear la necesidad de incrementar la cantidad de efectivos policiales para reforzar los patrullajes, una demanda que aparece en distintos sectores de Tandil.
Las cámaras de monitoreo y los operativos constituyen herramientas dentro de ese esquema, pero los planteos recientes volvieron a poner en discusión el alcance de esas medidas cuando no están acompañadas por presencia física y capacidad de respuesta en las calles. En paralelo, existe un antecedente de trabajo específico entre el Municipio y los responsables de locales bailables. En septiembre de 2025 se había convocado al sector para analizar medidas destinadas a prevenir situaciones conflictivas: un registro de derecho de admisión, mecanismos para ordenar la desconcentración al finalizar la actividad, controles de tránsito y estacionamiento, mayor videovigilancia y controles de ingreso. Ese proceso, sin embargo, no tuvo continuidad.
La pregunta por la noche de Tandil
Los hechos recientes vuelven así a instalar una discusión más amplia sobre qué modelo de nocturnidad necesita Tandil. La cuestión no se reduce a aumentar controles frente a un episodio concreto ni a determinar responsabilidades después de que ocurre un hecho de violencia. También involucra dónde se concentran los locales, cómo se produce la salida simultánea de cientos de personas, qué dispositivos existen para ordenar ese movimiento, qué controles se realizan en los alrededores y cómo se garantiza la convivencia con los barrios donde funciona la actividad nocturna.
El crecimiento de la ciudad agrega otra dimensión al problema. Desde el Foro de Seguridad plantearon la necesidad de pensar soluciones integrales que contemplen esa transformación urbana y permitan compatibilizar el derecho al esparcimiento con el derecho de los vecinos al descanso y a una convivencia segura.
Por ahora, la respuesta inmediata frente a los últimos episodios pasó por la intervención policial, la actuación judicial y la clausura de un local. La discusión de fondo, sin embargo, permanece abierta: cómo quiere Tandil organizar su nocturnidad y qué política pública necesita para que la seguridad y la convivencia no dependan únicamente de intervenir cuando el conflicto ya ocurrió.




