En el marco de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, que se disputan actualmente en Rosario, Santa Fe y Rafaela, los deportistas argentinos de alto rendimiento alzaron la voz para exigir un mayor respaldo económico gubernamental e institucional, impulsados por la asfixia financiera que padecen a la hora de costear sus entrenamientos, viajes y herramientas de trabajo de cara al próximo ciclo olímpico.
Mientras la delegación albiceleste sigue acumulando podios y se mantiene competitiva frente a potencias regionales como Brasil, la zona mixta de los estadios se transformó en una caja de resonancia. Detrás del brillo de cada medalla, se esconde un ecosistema de pluriempleo, apoyo familiar exclusivo y becas inestables que ponen en jaque el futuro del deporte nacional.
La frase que cristalizó el malestar generalizado la pronunció Fernanda Russo. Tras colgarse tres medallas de oro en tiro, la atleta fue tajante: “Ganamos con el corazón, pero necesitamos plata”. Su declaración expuso que los logros internacionales muchas veces maquillan las carencias estructurales de quienes representan la bandera argentina en el exterior.
Entre la gloria deportiva y la supervivencia económica
Las historias que afloraron durante esta semana en Santa Fe reflejan un patrón. Pascual Di Tella, flamante campeón suramericano de esgrima, relató cómo debió regresar a su trabajo inmediatamente después de ganar el oro, para luego volver a reincorporarse a la competencia. Para muchos representantes nacionales, dedicarse al 100% al deporte es un lujo inalcanzable.
El sistema de becas también quedó en el centro del debate por su volatilidad. El caso de la judoca rosarina Agustina De Lucía es un ejemplo claro: tras un traspié en los Panamericanos de Santiago 2023, perdió su beca y quedó fuera de París 2024. Hoy, tras ganar la medalla de plata ante su gente en los Suramericanos, su urgencia inmediata es salir a buscar empleo para poder mantenerse.
«Ser deportista en Argentina es un milagro», resumió sin filtros Ivo Dargoltz, otro referente del judo nacional, destacando que, sin la billetera de las familias, el alto rendimiento en el país sería inviable. Viajes, preparadores físicos, nutricionistas e indumentaria corren, la mayoría de las veces, por cuenta propia.
El Enard y la deuda pendiente de la política
El reclamo de fondo apunta directamente al financiamiento del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard). Creado en 2009 con un esquema autónomo basado en el 1% de la facturación de la telefonía celular, el organismo perdió esa vía de ingresos en 2017 y desde 2018 depende estrictamente de las partidas del presupuesto nacional, sujetas a los vaivenes políticos y la inflación. A pesar de los intentos legislativos en 2025 por restituir un mecanismo específico, los proyectos naufragaron en el Congreso.
Con la mirada puesta en los próximos Juegos Panamericanos de Lima 2027 y el sueño de Los Ángeles 2028, los deportistas argentinos lanzaron una advertencia clara: el talento, la voluntad y el «corazón» tienen un límite. Si Argentina pretende dejar de ser solo un país de proezas individuales y consolidarse como una potencia productora de atletas, el modelo de apoyo financiero necesita un cambio radical.




