Con la suma de un nuevo frente de obras en un punto neurálgico de la ciudad, las demoras, desvíos y el caos vehicular reabren el debate entre los conductores tandilenses: ¿son realmente necesarias estas intervenciones si no resuelven la peligrosidad estructural de la traza?
Circular por la travesía urbana de la Ruta Nacional 226 en Tandil se ha convertido en una prueba de paciencia diaria. Al frente de obra que ya generaba complicaciones a la altura de las avenidas Espora y Actis, se le sumó recientemente el inicio de trabajos de reparación de calzada en la rotonda de Reforma Universitaria, un acceso clave para la comunidad educativa que se desplaza al Campus de la Unicen y para el flujo constante que ingresa a la ciudad.
La presencia de maquinaria pesada, equipos y cuadrillas sobre la cinta asfáltica obligó a reducir la circulación a un solo carril en el sentido Mar del Plata-Tandil. ¿El resultado? Filas kilométricas, demoras considerables durante las horas pico y un trastorno directo a la rutina de miles de vecinos que deben lidiar con desvíos hacia la rotonda de Falucho para poder continuar su marcha.
Ante este panorama, la pregunta entre los automovilistas resulta inevitable: ¿hacen falta realmente estas obras en este momento y con este nivel de impacto en el tránsito cotidiano?
El malestar de la rutina interrumpida
Para la firma concesionaria Corresur —a cargo del corredor desde julio pasado—, los trabajos forman parte de un plan integral de bacheo y repavimentación necesario para devolverle al asfalto la capacidad de soporte adecuada ante el constante paso del tránsito pesado.
Sin embargo, para el vecino de a pie que intenta llegar a su trabajo, llevar a sus hijos a la escuela o trasladarse a la universidad, las explicaciones técnicas poco consuelan cuando el mapa vial de la ciudad se vuelve un laberinto de banderilleros y conos amarillos. La imposibilidad de maniobrar con normalidad genera no solo demoras, sino también situaciones de tensión y riesgo en los accesos.
¿Mantenimiento o parche sin respuesta de fondo?
El descontento no pasa únicamente por el tiempo perdido en las congestiones, sino también por la incertidumbre sobre el alcance real de estas tareas. La rotonda de Reforma Universitaria acarrea un largo historial de accidentes e incidentes viales vinculados principalmente a las deficiencias en su diseño y al radio de giro.
Si los trabajos actuales se limitan exclusivamente al bacheo y al reemplazo de capas de hormigón para tapar grietas, la duda persiste: ¿vale la pena generar un caos de tránsito tan agudo si no se proyecta una modificación geométrica que resuelva el problema de seguridad de fondo?
Hasta la fecha, no se han precisado planes oficiales para modificar la estructura de este cruce peligroso. Mientras tanto, la comunidad tandilense deberá armarse de paciencia durante las próximas semanas, transitando a paso de hombre y cuestionándose si estas intervenciones representan una mejora duradera o simplemente un dolor de cabeza cotidiano más en el mapa vial de la ciudad.




