Por Lic. Mara Ferrereiro, Lic. Belén Rosa y Lic. Ayelén Torres.
Hay una escena que se repite cada vez con más frecuencia en los consultorios. Personas que llegan con ansiedad, insomnio, angustia, pensamientos catastróficos, cuadros depresivos, sensación de vacío o una profunda dificultad para imaginar el futuro. La pregunta que inevitablemente surge es si ese sufrimiento puede leerse únicamente como un problema individual o si, por el contrario, expresa algo más amplio sobre la sociedad que habitamos.
Desde Espacio Psi entendemos que hablar de salud mental hoy exige salir de esa mirada exclusivamente privada. La subjetividad no se constituye en el vacío: se construye en una trama de vínculos, instituciones, condiciones materiales y experiencias compartidas. Cuando esa trama se debilita, también se resiente la vida psíquica. El sufrimiento no puede deshistorizarse.
Vivimos en un contexto atravesado por la incertidumbre económica, la precarización laboral, el debilitamiento de los lazos sociales y la creciente polarización. Al mismo tiempo, se instala con fuerza una cultura que promete bienestar permanente y soluciones inmediatas para cualquier malestar. Frente al dolor aparece la exigencia de eliminar rápidamente el síntoma, como si se tratara de un error que debe corregirse cuanto antes. Sin embargo, desde una perspectiva psicoanalítica con enfoque de género y de derechos humanos, creemos que el síntoma también habla. Nos interpela sobre el sujeto, pero también sobre el tiempo histórico que le toca vivir.
La salud mental no consiste en adaptarse pasivamente a condiciones de vida que lesionan la dignidad. Implica conservar la posibilidad de pensar, simbolizar, construir sentido y sostener proyectos aun cuando el contexto se vuelva adverso. Por eso resulta imprescindible preguntarnos qué ocurre cuando el futuro deja de aparecer como un horizonte posible para convertirse en una amenaza, qué efectos producen los discursos de odio, el individualismo extremo o la competencia permanente, y qué sucede cuando las instituciones pierden capacidad de alojar y sostener a las personas.
Los desafíos que encontramos hoy en la clínica reflejan esa complejidad. El aumento de consultas vinculadas con ideaciones de muerte, cuadros depresivos, pensamientos obsesivos, consumos problemáticos o experiencias de desamparo no puede explicarse únicamente desde categorías psicopatológicas. Las distintas formas de sufrimiento que aparecen en los consultorios, en las escuelas y en otros espacios están atravesadas por determinaciones sociales, económicas, políticas e históricas.
También observamos mayores dificultades para construir y sostener vínculos, así como una creciente imposibilidad de proyectar. Para muchas personas la vida comienza a organizarse alrededor de la supervivencia cotidiana. La preocupación permanente por la economía, la incertidumbre laboral y la dificultad para imaginar un futuro posible afectan a distintas generaciones y producen efectos concretos sobre la salud mental. Allí aparece una tensión permanente entre modelos de sociedad que buscan garantizar derechos y otros que tienden a desconocer la dignidad de las personas.
Reconocer esta dimensión social del sufrimiento no implica negar la singularidad de cada historia. Significa comprender que muchos malestares necesitan procesos de elaboración que exceden el espacio individual y que también requieren lecturas colectivas. La salud mental no se agota en el consultorio.
Desde esta perspectiva, escuelas, hospitales, universidades, espacios culturales y comunitarios cumplen una función fundamental. No son solamente instituciones: son lugares donde se construyen pertenencia, proyectos, pensamiento y esperanza. Cuidar esos espacios también es cuidar la salud mental.
Es desde ese posicionamiento que nació Espacio Psi. Nuestro proyecto toma como referencia el modelo teórico-clínico desarrollado por la psicoanalista Silvia Bleichmar y apuesta por un psicoanálisis comprometido con su tiempo, con perspectiva de género y atento a los malestares contemporáneos. Entendemos que la práctica clínica también implica una responsabilidad ética frente a la comunidad.
Por eso el espacio no se limita a la atención psicoterapéutica. Los talleres de arte y cultura, los grupos de estudio, las exhibiciones, los encuentros abiertos y el podcast gratuito que desarrollamos junto a profesionales de la salud mental y de distintas disciplinas artísticas forman parte de una misma convicción: producir pensamiento colectivo también es una forma de intervenir en la cultura y de construir salud mental.
Aunque Espacio Psi sea un ámbito privado, entendemos que nuestro trabajo tiene una dimensión pública. Abrimos nuestras propuestas culturales a toda la comunidad, generamos actividades gratuitas, promovemos acuerdos de honorarios que permitan sostener los tratamientos cuando las condiciones económicas lo requieren y buscamos construir un espacio donde el encuentro, la reflexión y el acceso a la cultura también sean formas de cuidado.
Silvia Bleichmar formuló una pregunta que hoy mantiene plena vigencia: ¿qué condiciones necesita una sociedad para producir sujetos capaces de pensar, desear y proyectar un futuro? Creemos que esa sigue siendo una de las preguntas centrales de nuestro tiempo.
Hablar de salud mental hoy es, también, hablar de los vínculos que construimos, de las instituciones que sostenemos, de la educación, del trabajo, de la cultura y de la posibilidad de imaginar un mañana. Porque cuidar la salud mental no consiste solamente en aliviar el sufrimiento cuando aparece. Consiste, también, en construir colectivamente las condiciones para que ese sufrimiento no se vuelva el único horizonte posible.




