La Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) dio un paso fundamental para abordar una problemática creciente en las aulas serranas. A través de su Departamento de Salud, dependiente de la Secretaría de Bienestar, la institución desarrolló una guía de salud mental pensada como un protocolo maleable para intervenir tanto en emergencias como en la prevención cotidiana. La iniciativa busca coordinar las acciones de docentes, no docentes y los propios alumnos para ofrecer un entorno seguro frente al notable incremento de padecimientos psicológicos detectados en el último tiempo.
El impacto del regreso a las aulas
Los profesionales del área médica de la universidad comenzaron a notar un cambio preocupante en el comportamiento de los jóvenes tras la normalización de las actividades educativas posteriores al período de aislamiento por la emergencia sanitaria. La transición de la virtualidad a la presencialidad obligatoria generó un fuerte impacto emocional.
Los principales factores que motivaron la creación de este documento fueron:
Falta de habituación edilicia: una gran cantidad de estudiantes se incorporaron físicamente a los campus universitarios cursando ya el segundo o tercer año de sus carreras, sin haber tenido contacto previo con los complejos institucionales.
Estrés académico presencial: el regreso a los exámenes tradicionales y la socialización forzada en las distintas facultades actuaron como detonantes de severos cuadros de ansiedad generalizada y desórdenes de pánico.
Alertas entre pares: el aumento de las consultas también se vio impulsado por los propios compañeros de cursada, quienes suelen ser los primeros en advertir conductas inusuales o situaciones de vulnerabilidad en sus amigos.
Para confeccionar una herramienta adaptada al contexto local, las autoridades de la UNICEN mantuvieron mesas de trabajo e intercambios técnicos con departamentos de bienestar de otras instituciones del país, tomando como referencia las experiencias de la Universidad Nacional de Cuyo, la de Rosario y diversos centros de estudio situados en el conurbano bonaerense.
Un enfoque colectivo y multidisciplinario
La confección del documento demandó un abordaje integral que involucró a psicólogos, psicopedagogos y trabajadoras sociales de la propia universidad. Esta perspectiva territorial permitió que el protocolo no se convierta en una simple reglamentación teórica, sino en una red de contención práctica. Además, el proyecto sumó el asesoramiento de especialistas en salud mental comunitaria y exautoridades del sistema sanitario público local, garantizando que el eje principal esté puesto en identificar las señales de alarma antes de que las situaciones deriven en crisis agudas.
A diferencia de los protocolos tradicionales, este instrumento se pensó con una estructura elástica. Sus creadores señalaron que las manifestaciones del sufrimiento psíquico varían de acuerdo a la época y que la realidad actual exige actualizaciones constantes para no quedar obsoletos frente a las demandas de las nuevas generaciones.
Atención gratuita y abierta
El rol de la universidad pública en este escenario no se limita a la confección de la guía, sino que se respalda en una infraestructura de atención permanente. El sistema de salud universitario cuenta con un plantel diverso de médicos, enfermeros y odontólogos que, ante las complejidades actuales, debió incorporar disciplinas complementarias vinculadas a la nutrición, las técnicas de relajación y el yoga, entendiendo al bienestar como una condición integral del cuerpo y la mente.
Este servicio de asistencia en salud mental funciona de manera totalmente gratuita dentro de la UNICEN y se encuentra disponible para la totalidad de la matrícula estudiantil, sin importar si los alumnos cuentan con cobertura médica privada o carecen de obra social, asegurando la igualdad de oportunidades en el acceso a la salud.




