La actividad comercial de Tandil atraviesa un escenario de creciente fragilidad. La caída del consumo, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y la incertidumbre que generan las negociaciones paritarias configuran un panorama complejo para uno de los principales motores de empleo privado de la ciudad. Mientras comerciantes intentan sostener la actividad y los trabajadores ven deteriorados sus ingresos, el sector enfrenta un presente marcado por la cautela y la preocupación.
La retracción del consumo aparece como el principal factor que explica el momento que atraviesan los comercios locales. La disminución de las ventas impacta tanto en pequeños negocios como en grandes cadenas, obligando a muchos establecimientos a revisar costos, postergar inversiones y priorizar la conservación de las fuentes laborales por encima de cualquier plan de crecimiento. En este contexto, la incertidumbre económica también comienza a reflejarse en un mercado laboral que muestra señales de estancamiento.
A este escenario se suma la situación salarial de los empleados mercantiles. Las sucesivas paritarias acordadas entre el gremio y las cámaras empresarias continúan encontrando obstáculos para su homologación por parte del Gobierno nacional, lo que genera demoras en la actualización de los ingresos y profundiza la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores. Aunque buena parte de los empleadores locales decidió adelantar los incrementos acordados, otros aguardan definiciones oficiales, alimentando un clima de incertidumbre tanto para empresas como para empleados.
El cuadro también pone en evidencia las dificultades que enfrentan las empresas para sostener el empleo. En un contexto de ventas deprimidas, los márgenes de rentabilidad se reducen y cualquier incremento de costos se vuelve difícil de absorber. La prioridad de muchos comerciantes pasa por mantener abiertas las persianas y preservar los puestos de trabajo existentes, más que por expandir la actividad.
En paralelo, la preocupación se extiende a todo el entramado comercial de la ciudad. La situación no responde a problemas puntuales de una empresa o un rubro específico, sino a una desaceleración general del consumo que atraviesa a gran parte de la economía local. Esa realidad explica que las organizaciones vinculadas al sector adviertan sobre un presente especialmente delicado y reclamen previsibilidad para afrontar los próximos meses.
De cara al segundo semestre, las expectativas permanecen moderadas. Comerciantes y trabajadores coinciden en que una eventual recuperación dependerá, principalmente, de una mejora del poder de compra de los salarios y de un repunte del consumo interno, variables que hoy continúan mostrando signos de debilidad. Mientras tanto, el comercio tandilense sigue transitando una coyuntura en la que sostener la actividad y conservar el empleo se convirtió en el principal desafío económico.




