A las 8 de la mañana del lunes, y luego de casi 24 horas, finalizó el velorio del Indio Solari en Villa Domínico. Cientos de miles de seguidores del indio se acercaron desde diferentes puntos del país a despedir a este ídolo del rock que falleció el pasado viernes a los 77 años.
La muerte de Carlos Alberto ‘Indio’ Solari provocó una de las manifestaciones de dolor popular más significativas de los últimos años en la Argentina. Miles de personas se acercaron durante este fin de semana a Villa Domínico para despedir al histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en una movilización que trascendió el ámbito musical y volvió a poner de manifiesto el lugar singular que el artista ocupó en la cultura popular argentina.
Desde las primeras horas del domingo comenzaron a llegar seguidores de distintos puntos del país para participar del velatorio y rendir homenaje a una figura que, durante más de cuatro décadas, construyó una relación única con su público. Banderas, remeras, canciones, murales improvisados y largas filas marcaron una despedida atravesada por la emoción y el sentimiento de pertenencia de generaciones enteras que encontraron en sus letras una forma de interpretar la realidad argentina.
La convocatoria volvió a demostrar la dimensión social y cultural del fenómeno ricotero. Familias completas, grupos de amigos, trabajadores, estudiantes y seguidores de distintas edades compartieron un mismo espacio para despedir a quien se convirtió en una de las voces más influyentes de la música nacional. La escena recordó a otros funerales populares que marcaron distintas épocas de la historia argentina, tanto por la masividad de la participación como por la carga simbólica del acontecimiento.
Durante la jornada se escucharon canciones emblemáticas de toda su trayectoria, desde los años de Los Redondos hasta su etapa solista. Muchos asistentes destacaron no sólo su legado musical sino también el compromiso social y político presente en gran parte de su obra, una característica que lo convirtió en una referencia para amplios sectores de la sociedad y que ayudó a construir una identidad cultural propia alrededor de sus recitales.
Según se informó, unas 15.000 personas por hora ingresaban a la capilla ardiente montada dentro del complejo deportivo. El velorio comenzó a las diez de la mañana del domingo 7 de junio y se extendió hasta las 8 horas del lunes 8. Desde la cuenta oficial del Indio había expresado que la idea era que todos quienes desearan despedirlo pudieran hacerlo.
El comunicado oficial
Desde la confirmación de la muerte del Inidio y durante todo el fin de semana, la familia eligió la cuenta oficial del cantante para comunicar de manera oficial todo lo referido a la despedida del Indio. Así también lo hizo con el cierre del velatorio: «Ya está. Todas y todos los que tuvieron la posibilidad de acercarse a despedirlo, lo hicieron. Ahora la lluvia nos manda a todos a casita, a seguir penando por dentro y a recordarlo como era: humano, infinito”, comunicaron.
Asimismo, en el mismo posteo se agradeció a quienes se acercaron y a la organización: «Gracias a todos los que hicieron este esfuerzo: tanto a los que se acercaron y los que lloraron donde los sorprendió la pena, como las toneladas de muchachos y muchachas que hicieron posible y formaron parte de la organización descomunal que supuso esta despedida, en tiempo récord».
Por último, el comunicado expresa que «Él nos anticipó que las despedidas son estos dolores dulces. Lo que no nos avisó fue que dolores dulces como estos iban a durar toda nuestra vida. Como no podía ser de otro modo, pensó en todo antes de irse. Y por eso dejó encendido el equipo Marshall de su guitarra y el equipo de sonido donde escuchaba las canciones en las que trabajaba. Nos sugirió, así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese. Hagamos eso. Que su música no pare nunca más.»
El final de una era
La despedida masiva confirmó algo que durante años quedó demostrado en cada recital: el fenómeno del Indio Solari nunca fue solamente musical. Su figura logró construir una comunidad cultural que atravesó generaciones, clases sociales y geografías. Por eso, su muerte no solo significó la partida de un artista. Para miles de personas representó el cierre de un capítulo fundamental de la historia del rock argentino y de una manera particular de vivir la música como experiencia colectiva.
Mientras las canciones continúan sonando en plazas, radios, hogares y redes sociales, la multitud que se reunió para despedirlo dejó una imagen difícil de ignorar: la de un artista cuya influencia trascendió los escenarios para convertirse en parte de la identidad cultural de la Argentina.




