El radicalismo tandilense camino al 2027: sin unidad ni capacidad de diálogo

Mientras el radicalismo a nivel bonaerense logró sellar un acuerdo de unidad para evitar el desgaste de una elección interna, el escenario en Tandil parece moverse a contramano de la provincia. Lejos de la foto de consenso que se replicó en otros distritos, la interna local atraviesa un momento de fuerte tensión y distanciamiento. El sector liderado por Marcos Nicolini salió a cuestionar públicamente la postura del oficialismo partidario, señalando una «nula voluntad de diálogo» por parte del lunghismo, lo que profundiza la grieta dentro de la UCR tandilense de cara al recambio generacional y ejecutivo previsto para el 2027.

El foco del conflicto está puesto en la relación entre el oficialismo partidario —alineado con el intendente Miguel Lunghi— y el espacio Alternativa Tandil, encabezado por el concejal Marcos Nicolini. Desde este último sector cuestionaron con dureza lo que definieron como una “nula voluntad de diálogo” por parte del lunghismo, marcando una distancia política que parece profundizarse en lugar de encontrar canales de síntesis.

La disputa por la conducción y el recambio

Detrás de la tensión interna aparece una discusión más profunda: quién conducirá al radicalismo local en el escenario post-Lunghi y bajo qué lógica política se construirá esa transición.

Desde el nicolinismo sostienen que el partido funciona bajo una dinámica cerrada y con escasos espacios de debate real, lo que dificulta cualquier intento de renovación interna. Cuestionan un modelo de conducción que consideran excesivamente concentrado y advierten que la falta de apertura debilita al radicalismo frente a un electorado que empieza a demandar nuevas referencias y nuevas formas de representación.

La crítica no es solo partidaria. También apunta a la capacidad del oficialismo local para proyectar continuidad política sin incorporar nuevas voces ni construir acuerdos que permitan sostener cohesión dentro del espacio.

Un desafío político que excede la interna

La discusión no se limita a una disputa partidaria. El radicalismo gobierna Tandil desde hace más de veinte años y cualquier fractura interna tiene impacto directo sobre la estabilidad y proyección del oficialismo local.

En ese contexto, empieza a instalarse una pregunta inevitable dentro y fuera del partido: ¿el resultado de las elecciones de septiembre de 2025 no fue, en realidad, un mensaje político que el oficialismo local todavía no terminó de leer? Por primera vez en casi dos décadas, el lunghismo sufrió una derrota electoral que dejó al descubierto un nivel de desgaste y desaprobación que hasta hace poco parecía impensado. Más allá del peso de las variables nacionales, el voto también expresó señales de malestar con una gestión municipal que comenzó a mostrar síntomas de agotamiento. La pérdida de respaldo en las urnas podría haber funcionado como una advertencia sobre la necesidad de abrir el espacio, renovar liderazgos y revisar formas de conducción. Sin embargo, la persistencia de las tensiones internas y la falta de diálogo parecen indicar que ese mensaje aún no logró traducirse en autocrítica ni en cambios concretos dentro del oficialismo local.

Con el calendario electoral todavía lejano pero cada vez más presente en las decisiones políticas, la falta de diálogo dentro del partido empieza a transformarse en un problema estratégico. Si la UCR no logra reconstruir puentes internos y ordenar su proceso sucesorio, el camino hacia 2027 podría estar condicionado más por sus propias divisiones que por la fortaleza de su proyecto político para la ciudad.

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