La «motosierra» también llegó a los hornos siderúrgicos. Según el último informe de la Cámara Argentina del Acero (CAA), la producción de acero crudo se desplomó un 22,5% en febrero respecto al mes anterior, alcanzando apenas las 272.200 toneladas. El dato es todavía más alarmante en los productos laminados (el acero que va a las chapas y la construcción), que sufrieron un derrumbe mensual del 46,3%.
El combo letal: poco consumo y mucha importación
La industria local está atrapada en una pinza. Por un lado, el mercado interno está planchado: la construcción sigue en caída libre (los despachos de cemento bajaron un 11%) y la línea blanca (heladeras, lavarropas) no repunta por el parate del consumo.
Por el otro, las fábricas argentinas denuncian una «competencia desleal» desde el exterior. El acero chino está entrando con fuerza y, sumado a un esquema impositivo que castiga el valor agregado local, hace que producir en el país sea cada vez más difícil.
Vaca Muerta, la única luz al final del túnel
No todo es rojo en el Excel. El sector energético, impulsado por el shale oil de Vaca Muerta, creció un 30% en lo que va del año. Sin embargo, la Cámara advierte que incluso en este oasis de actividad, la industria nacional pierde terreno frente a los insumos importados.
La maquinaria agrícola también asoma como una esperanza gracias a las nuevas líneas de crédito del Banco Nación, pero el optimismo es moderado: «El sector sigue operando por debajo de su potencial histórico», lamentan desde la CAA.
Expectativas y crédito
Para que el acero vuelva a calentarse, las empresas piden tres cosas: que se reactive el consumo masivo, que el crédito hipotecario y prendario empiece a fluir de verdad y, sobre todo, que el Gobierno revise la carga tributaria que hoy favorece al producto importado por sobre el nacional. Mientras tanto, la siderurgia argentina sigue trabajando a media máquina, esperando que la estabilidad macro se transforme, por fin, en reactivación real.



