Más importaciones, menos fábricas: el consumo se sostiene con productos del exterior

Mientras el presidente Javier Milei insiste en que la apertura comercial puede abaratar productos y dinamizar la economía, los propios datos oficiales muestran una dinámica distinta: el fuerte crecimiento de las importaciones en 2025 estuvo impulsado principalmente por bienes finales de consumo y no por insumos o maquinaria que potencien la producción local.

Durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el mandatario defendió el esquema de desregulación comercial. “Ahora el consumidor ahorra dinero al comprar el bien importado y ese dinero lo utilizará para comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía”, aseguró.

Sin embargo, las cifras del comercio exterior dibujan otro escenario. En 2025, la participación de bienes finales dentro del total importado —sin contar combustibles— rozó el 25%. El dato no solo representa un salto significativo respecto de los últimos años, sino que incluso supera el promedio registrado durante la convertibilidad, que entre 1992 y 2001 había sido del 23,2%.

El contraste con el período reciente es todavía más marcado: entre 2020 y 2023 ese porcentaje había promediado 17,1%. Es decir, la presencia de productos terminados del exterior en la canasta importadora creció de manera acelerada en muy poco tiempo.

Un boom de importaciones que supera a la economía

Las compras externas crecieron 24,6% en 2025, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, que elabora el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). En el mismo período, el PBI avanzó apenas 4,4%.

La relación histórica solía ser de tres a uno: por cada punto de crecimiento de la actividad, las importaciones subían aproximadamente tres. Pero el año pasado esa elasticidad prácticamente se duplicó, con un salto que quintuplicó el avance de la economía.

Detrás de ese fenómeno aparece otro dato clave: no todas las importaciones crecieron por igual. Los bienes finales —principalmente productos de consumo y autos livianos terminados— se dispararon 55% durante 2025. En cambio, los bienes de capital aumentaron 20% pero todavía se mantienen 9% por debajo del nivel registrado entre 2012 y 2015.

La contracara se vio en los bienes intermedios, es decir, insumos productivos y piezas para maquinaria: cayeron 14,5%. La tendencia sugiere que el ingreso de mercadería del exterior se está orientando más al consumo inmediato que a la inversión productiva.

Comercio que se recupera vendiendo importados

El impacto también se refleja en los indicadores sectoriales. La actividad industrial cerró 2025 casi 11% por debajo de los niveles de mediados de 2023, mientras que el comercio cayó 5%, aunque logró amortiguar el golpe gracias a la venta de productos importados.

Un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco de la Provincia de Buenos Aires advirtió que, entre julio de 2024 y diciembre de 2025, el comercio logró recuperarse 2% mientras que la producción manufacturera siguió deteriorándose y retrocedió otro 2%.

“La dinámica muestra que el comercio moderó su caída inicial vendiendo más productos importados en el mercado local, en tanto que los industriales cedieron terreno”, señalaron desde el banco.

En la práctica, esto implicó una disociación entre la actividad comercial y la industrial. Mientras las góndolas se llenan con productos extranjeros, la producción local pierde espacio.

El debate sobre la apertura

El oficialismo sostiene que una mayor apertura comercial puede generar eficiencia económica y mejorar el acceso a bienes más baratos. Pero los datos recientes abren otra discusión: el problema no es solo cuánto se importa, sino qué se importa.

Cuando las importaciones están lideradas por bienes de capital o insumos productivos, suelen asociarse a mejoras de productividad. En cambio, cuando predominan los bienes finales, el resultado puede ser un reemplazo directo de producción local.

En ese sentido, economistas advierten que países con tradición industrial y mercados internos de tamaño medio o grande —como Argentina o Brasil— enfrentan desafíos distintos a los de economías más pequeñas con menor desarrollo manufacturero.

En un contexto de apreciación cambiaria, costos elevados y flexibilización de barreras comerciales, el aumento de bienes finales importados tiende a profundizar esa competencia directa. Y el efecto inmediato es visible: más productos extranjeros en las góndolas y menos actividad en las fábricas locales.

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