Con una inflación en alza y que durante el mes de diciembre llegó al récord del 25 por ciento a lo que se suman la reducción de subsidios y el inminente aumento de tarifas que, se espera, oscilen entre un 150 y 400 por ciento, los clubes barriales ya asumen que en el mediano plazo deberán recortar servicios y actividades. El impacto que las medidas implementadas por el ejecutivo nacional empieza a mostrar en estas instituciones es de tal magnitud que, en los casos más complejos, no descartan la posibilidad de cerrar sus puertas.
La situación trae a la memoria la obra que Juan José Campanella estrenó el 20 de mayo de 2004, “Luna de Avellaneda”. La película, protagonizada por Ricardo Darín, mostraba cómo un club social, deportivo y cultural, en medio de la debacle económica que siguió a la crisis del 2001, corría el riesgo de cerrar para convertirse en un casino. Casi un Déjà vu.
A simple vista, la labor de un club de barrio podría resumirse en la práctica de distintas actividades deportivas y culturales. Pero una mirada más atenta permite identificar otras actividades que tienen lugar en estos sitios: en el club del barrio confluyen el sentido de pertenencia, lo comunitario, la identidad; actividades en común de las personas que participan y comparten un intercambio cotidiano.
“En un club de barrio la función social excede a lo deportivo», explicó Leandro Lurati, titular de la Subsecretaría de Deportes de la Provincia de Buenos Aires. “En estas organizaciones se fortalecen los lazos comunitarios, la democratización de la toma de decisiones y la promoción de valores. Es también un lugar fundamental para el esparcimiento y el encuentro entre vecinos”, detalló el funcionario bonaerense.
«Sucede que con el aumento de los servicios disminuirá la recaudación y los clubes no podrán seguir subvencionando una actividad con 15 o 20 socios, ya que no se podrá recaudar lo suficiente para pagar el sueldo de profesores, de seguro, de emergencia médica, de limpieza, de portería y de administración, entre otros tantos gastos», añadió Lurati.
Los aumentos en las tarifas vuelven a repetir la historia frente al escenario de las instituciones más indefensas. “El rol del Estado debiera ser proteger, no abandonar a clubes”, añadió Lurati y señaló que además de formar líderes, los clubes “extienden sus tareas incluso ofreciendo un plato de comida a las familias a través de comedores y merenderos”.



