El lugar oculto de Tandil donde funcionó una pequeña ciudad alrededor de las canteras

A pocos kilómetros del centro de Tandil, en el entorno de La Movediza, todavía quedan rastros de una historia que fue fundamental para entender cómo creció la ciudad. Allí funcionó la cantera de Domingo Conti, un emprendimiento que durante décadas no fue solamente un lugar de trabajo: alrededor de la explotación de piedra se construyó una verdadera comunidad, con viviendas, almacén, fonda, espacios de encuentro y un particular sistema de pago que condicionaba buena parte de la vida cotidiana de los trabajadores.

La historia fue reconstruida por el contador Darío Sánchez Abrego en su investigación sobre los economatos mineros del Sistema de Tandilia y, particularmente, sobre la Cantera La Movediza de Domingo Conti. El trabajo permite asomarse a una parte poco conocida de la historia tandilense, cuando las canteras estaban prácticamente aisladas de la ciudad y miles de inmigrantes llegaron a trabajar en ellas.

Una cantera que era mucho más que un lugar de trabajo

La explotación de Domingo Conti se desarrolló entre 1885 y 1950 y tuvo una particularidad: funcionó bajo el sistema de economato minero.

En términos sencillos, la cantera organizaba buena parte de la vida de sus trabajadores. Los obreros recibían parte de sus salarios mediante fichas o “plecas”, que podían utilizar principalmente en el almacén de la propia empresa para adquirir alimentos y algunos elementos de trabajo.

El sistema también incluía alojamiento para los trabajadores y sus familias y una fonda donde se concentraba buena parte de la vida social de la comunidad. En los primeros años, además, las posibilidades de salir del predio estaban fuertemente restringidas: para cuestiones como una visita médica, la compra de determinados medicamentos o un entierro era necesario contar con autorización del patrón o del encargado.

Era, en definitiva, una economía prácticamente cerrada sobre sí misma. El salario podía convertirse en mercadería dentro de la propia cantera y el trabajador desarrollaba allí buena parte de su vida cotidiana.

El barrio que se construyó alrededor de la piedra

Las canteras tandilenses recibieron a numerosos inmigrantes, principalmente provenientes de Italia, España, Montenegro y Yugoslavia. El crecimiento de esa población tuvo un impacto directo sobre la ciudad y modificó su composición demográfica hacia fines del siglo XIX.

En La Movediza había viviendas para las familias y alojamientos para trabajadores solteros. También funcionaban actividades y oficios que iban mucho más allá de la extracción de piedra: había modistas, lavanderas, planchadoras y parteras, mientras que las mujeres cumplían un papel central en la organización de la economía familiar.

La fonda de Conti era uno de los principales puntos de encuentro. Allí se servían comidas a los trabajadores y también funcionaban actividades culturales. La investigación señala que en el subsuelo del edificio ensayaba la Orquesta de los Poli, mientras que años después comenzaron a desarrollarse obras de teatro, muchas de ellas vinculadas con las ideas anarquistas que atravesaban al movimiento obrero de las canteras.

Y ese edificio tiene una particularidad que todavía conecta aquella historia con el presente: la antigua fonda de Conti permanece en pie.

El lugar donde se vivía, se trabajaba y también se resistía

La vida en las canteras estaba atravesada por largas jornadas laborales y duras condiciones de trabajo. Con el tiempo, esas condiciones dieron lugar a una creciente organización obrera.

En 1906 se creó la Sociedad Unión Obreros de las Canteras de Tandil, que comenzó a reclamar mejoras laborales, entre ellas la reducción de la jornada de trabajo y el reemplazo de las fichas por dinero de circulación legal. Las huelgas de esos años tuvieron una fuerte presencia en La Movediza y en otras canteras de Tandil.

La organización de los trabajadores terminó logrando avances importantes, entre ellos el reconocimiento de jornadas acordes con la legislación nacional y, finalmente, la eliminación del sistema de pago mediante plecas.

Por eso, la historia de La Movediza no puede entenderse solamente desde la explotación de la piedra. También forma parte de la historia del movimiento obrero tandilense y de las luchas que acompañaron el crecimiento de la ciudad.

Las fichas que quedaron como testimonio

Las plecas utilizadas por Domingo Conti son hoy una de las evidencias más particulares de aquella forma de organización económica.

La empresa utilizó fichas de distintos valores, acuñadas principalmente en bronce y con diseños que incluían una representación de la Piedra Movediza, que todavía permanecía sobre el cerro cuando fueron utilizadas. Había piezas equivalentes a 1 peso, 50, 20, 10 y 5 centavos.

El detalle no es menor: esas pequeñas piezas metálicas permiten reconstruir cómo funcionaba una economía en la que el dinero no circulaba necesariamente como lo conocemos hoy y donde el salario podía quedar atado al propio lugar de trabajo.

La Piedra Movediza también forma parte de esta historia

La cercanía con la Piedra Movediza convirtió a la cantera de Conti en un lugar particularmente significativo.

El trabajo de Sánchez Abrego recoge incluso el relato de Celestina Stipcovich, esposa de Domingo Conti, quien se encontraba en su casa de piedra el 29 de febrero de 1912, cuando la Piedra Movediza cayó del cerro.

Según el relato reconstruido en la investigación, Celestina escuchó la explosión y observó desde su vivienda la caída de la piedra, convirtiéndose en uno de los pocos testimonios directos de aquel episodio.

La propia investigación menciona además distintas versiones posteriores sobre las causas de la caída, entre ellas testimonios que atribuyeron el hecho a una voladura realizada por antiguos trabajadores. Sin embargo, el autor advierte que se trata de una historia que permanece rodeada de interrogantes y que quizás nunca pueda determinarse con certeza qué ocurrió aquella tarde.

De la cantera al Tandil que conocemos

Con el paso de las décadas, la actividad minera fue cambiando. Hacia los años 30 comenzaron a incorporarse máquinas para romper y cargar la piedra, y la producción se orientó cada vez más hacia la piedra molida destinada a la construcción y a las bases de pavimentos. El viejo mundo de los picapedreros comenzó a desaparecer. Pero sus huellas quedaron.

La Movediza, sus antiguas construcciones, las historias familiares, las fichas de salario y los relatos de quienes vivieron allí permiten reconstruir un Tandil que muchas veces queda oculto detrás de los lugares que hoy conocemos.

Porque antes de que La Movediza fuera solamente uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, allí hubo una comunidad entera que trabajó, vivió, se organizó y construyó su propia historia alrededor de la piedra.

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