Mucho más que una cábala: la emocionante historia familiar detrás de los caramelos de Rodrigo De Paul

La imagen del «Motorcito» de la Selección masticando en el centro de la cancha junto a Leandro Paredes es un clásico antes de cada partido. Sin embargo, su mamá reveló un trasfondo hermoso y desconocido: el tremendo sacrificio que hacía su abuelo Osvaldo cuando Rodri era solo un nene que soñaba con jugar en Primera.

Para cualquier hincha de la Scaloneta, ver a Rodrigo De Paul y a Leandro Paredes caminando por el círculo central de la cancha un rato antes del partido, vestidos de civil y masticando caramelos, es un ritual sagrado. Lo que muchos pensaban que era una simple cábala de vestuario nacida en el Mundial, en realidad esconde una historia de amor familiar súper profunda que se remonta a la infancia del exvolante de Racing.

Mónica, la mamá del mediocampista, fue la encargada de sacar a la luz este secreto íntimo que conmovió a todos los futboleros. El verdadero protagonista de esta costumbre es Osvaldo, el abuelo de Rodrigo, quien lo acompañaba todos los días a los entrenamientos cuando el jugador daba sus primeros pasos en las inferiores de la Academia.

El secreto de las monedas del buffet
Cada tarde, al llegar al club, el abuelo le daba a Rodri unas monedas para que se comprara caramelos masticables en el buffet mientras esperaba el momento de entrar a la cancha. Para el pequeño futbolista, ese gesto era una rutina feliz; sin embargo, pasaron muchísimos años hasta que Rodrigo descubrió la verdad detrás de ese regalo. Esas monedas no eran un vuelto que sobraba: eran, ni más ni menos, el dinero para el boleto de colectivo de regreso de su abuelo.

“Los caramelos quedaron por el abuelo. Cuando lo llevaba a entrenar mi papá, le dejaba unas monedas para que él se compre en el buffet los caramelos masticables. Durante muchos años, Rodrigo nunca supo que esas monedas que le daba a él eran las monedas del viaje. Mi papá se volvía a la casa caminando y le daba esas monedas para que él se compre los caramelos cuando iba a entrenar”, recordó Mónica con muchísima emoción.

Un ritual que se volvió bandera
Osvaldo elegía caminar kilómetros de vuelta a su casa con tal de ver a su nieto disfrutar de un mimo dulce antes de correr detrás de la pelota. Hoy, asentado en la élite del fútbol mundial y consolidado como un referente indiscutido de la Selección, De Paul mantiene vivo ese recuerdo en cada estadio del planeta.

Lo que empezó como el sacrificio silencioso de un abuelo en un buffet de club de barrio, hoy se transformó en la cábala colectiva de todo un país. Cada vez que veas al «7» de la Selección masticando un caramelo antes de que ruede la pelota, sabelo: es el homenaje diario de un campeón del mundo para el abuelo que caminaba por él.

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