El panorama laboral en Tandil atraviesa un momento crítico, marcado por un deterioro sostenido que ya se traduce en la pérdida de uno de cada diez empleos en el sector comercial durante lo que va del año. Según advirtió José Larraburu, secretario general del Sindicato de Empleados de Comercio (SEC), esta caída del diez por ciento representa un quiebre histórico para la ciudad, ya que, a diferencia de crisis anteriores, el trabajador que hoy pierde su puesto se enfrenta a la imposibilidad de reinsertarse en el circuito local.
La falta de dinero en los bolsillos de la gente es señalada como el principal motor de esta retracción, impactando directamente en el movimiento diario de los negocios. Este fenómeno golpea con especial dureza a las pequeñas y medianas empresas (pymes), que constituyen el corazón del empleo mercantil en Tandil al concentrar el 85 por ciento de la fuerza laboral del sector. Ante la caída estrepitosa del consumo, muchos dueños de comercios han comenzado a reducir sus plantillas o, en los casos más extremos, a despedir a su único empleado para hacerse cargo personalmente de la atención del negocio como medida de supervivencia.
A la pérdida del poder adquisitivo se suman factores estacionales y de costos que asfixian tanto a comerciantes como a familias. La llegada del invierno en Tandil agrava la situación debido al elevado costo de los servicios de luz y gas, lo que obliga a los empleadores a realizar ajustes que, inevitablemente, terminan afectando la estabilidad de los puestos de trabajo. El gremialista describió que el «termómetro» de esta crisis se percibe a diario en el sindicato a través de las crecientes consultas por liquidaciones, despidos anticipados y propuestas de reducción de jornada laboral.
Más allá del empleo, la fisonomía del centro histórico de la ciudad está sufriendo una transformación drástica. Se observa una reconversión de espacios donde las tradicionales galerías de múltiples locales pequeños dan paso a unos pocos espacios de gran tamaño ocupados por grandes cadenas que no son originarias de la ciudad. Paralelamente, los altos costos de los alquileres en el microcentro están forzando un corrimiento de la actividad hacia avenidas como Lunghi, Actis o Brasil, un fenómeno que Larraburu calificó como una respuesta a la necesidad de subsistir más que a una planificación urbana.
Finalmente, desde el sindicato subrayaron que, aunque mantienen la esperanza de una mejora, resulta difícil ser optimista frente a las actuales medidas del gobierno. Por ello, recalcaron la necesidad urgente de que la dirigencia política a nivel local, provincial y nacional presente soluciones y definiciones concretas que permitan revertir esta tendencia negativa que hoy pone en jaque al comercio de cercanía.
Fuente: El Eco




