El asalto perpetrado este martes a las 13 en un polirrubro de avenida Rivadavia al 50 encendió nuevamente las alarmas en la ciudad. No fue solo el robo en sí, sino la modalidad: un delincuente a cara descubierta que finge ser perseguido por la policía para ganar confianza, para luego amenazar de muerte a una trabajadora con la frase «dame la plata o sos boleta». Este episodio, ocurrido a plena luz del día y en una zona de alto tránsito, obliga a preguntarse si el mapa del delito en Tandil está mutando bajo el peso de la crisis social.
El factor del consumo en el centro de la escena
La preocupación no es aislada y se reitera en diferentes barrios y zonas de Tandil. Asimismo, en María Ignacia Vela, una reciente reunión de seguridad comunitaria dejó al desnudo lo que muchos vecinos ya sospechan: el consumo problemático es hoy el eje central de la inseguridad. El delegado Pablo Retondo fue contundente al señalar que la problemática de las adicciones atraviesa gran parte de los reclamos vecinales.
Expertos y autoridades de seguridad analizan si estos robos rápidos y violentos —muchas veces realizados por personas «solitarias» y sin grandes estructuras delictivas— son la respuesta desesperada de quienes necesitan dinero inmediato para sostener un consumo. En épocas de vacas flacas, donde el tejido social se estira al límite, el delito parece volverse más errático y, por lo tanto, más impredecible para los comerciantes locales.
La trampa de la estadística y la falta de denuncias
Un punto clave que surgió tanto en la zona urbana como rural es el rol de la justicia y la policía. Mientras los vecinos piden mayor rigor y allanamientos rápidos, las autoridades responden con un dato técnico frío: sin denuncia no hay estadística de gravedad.
En Tandil existe una «cifra negra» de delitos que no se denuncian por desconfianza o por miedo. Sin embargo, desde Protección Ciudadana insisten en que las denuncias (incluso las anónimas online) son la única herramienta para que la Justicia autorice procedimientos. «Si hay 20 o 30 denuncias sobre una misma situación, el sistema se empieza a mover», explicaron las autoridades policiales en Vela, intentando romper la inercia del silencio vecinal.
¿Hacia dónde va el «Tandil soñado»?
El contraste entre el slogan oficial y el testimonio de la empleada de Rivadavia que entregó la recaudación bajo amenaza de muerte es total. La inseguridad ya no distingue entre el macrocentro y los barrios periféricos. La demanda de la comunidad hoy no es solo de patrulleros, sino de un abordaje integral que entienda que, mientras no se trabaje sobre el consumo y la falta de oportunidades en los barrios, la policía seguirá corriendo detrás de los hechos consumados.



