Desde que asumió Milei: ya cerraron 300 sucursales bancarias por la crisis y la morosidad

El paisaje de las ciudades argentinas está cambiando y no precisamente para mejor. Desde que asumió Javier Milei, el sistema bancario entró en un proceso de achique drástico: en poco más de dos años, 283 sucursales bajaron sus persianas en todo el país. Lo que empezó como una tendencia hacia lo digital se aceleró brutalmente por un dato que enciende todas las alarmas: la morosidad alcanzó su nivel más alto en dos décadas.

El fantasma de la incobrabilidad
El bolsillo de los argentinos no aguanta más y los números del sector lo reflejan sin filtro. La cantidad de personas que dejaron de pagar sus préstamos o el resumen de la tarjeta saltó del 2,6% al 10,3% en solo un año. Si miramos los préstamos personales, la situación es todavía más crítica, con una incobrabilidad que llega al 13,2%. Ante este escenario de falta de pago masiva, los bancos decidieron podar gastos fijos y personal.

El caso Santander y el conflicto gremial
El Banco Santander se convirtió en el emblema de este ajuste. La entidad privada pasó de tener 395 sucursales a menos de 300, un recorte del 25% de su red física. Desde el banco argumentan que el 90% de las operaciones ya son digitales y que la atención presencial cayó un 30%, pero para el sindicato la realidad es otra.

La Bancaria, el gremio que conduce Sergio Palazzo, se declaró en estado de alerta y movilización. Denuncian un plan de ajuste sistemático, despidos y hasta situaciones de violencia institucional en cierres de sucursales en provincias como Tucumán. «Defenderemos cada puesto de trabajo hasta las últimas consecuencias», advirtieron desde el gremio, que ya puso fecha para el 31 de marzo para definir medidas de fuerza.

Fusiones y desierto financiero
A la crisis de morosidad se le suma la concentración del mercado. Las fusiones de gigantes (como Galicia con HSBC y Macro con Itaú) terminaron de sellar el destino de muchas sucursales que quedaron «duplicadas» o que dejaron de ser rentables en el nuevo esquema. Mientras los bancos apuestan todo a las apps y los canales online, miles de usuarios —especialmente adultos mayores— ven cómo desaparece el contacto humano en un sistema financiero que se vuelve cada vez más distante y exclusivo.

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