Vivir a préstamo: el 90% de los asalariados ya no puede pagar las deudas que tomó para comer

La clase media argentina se está convirtiendo en un recuerdo nostálgico. Hoy, la realidad es mucho más cruda: el endeudamiento ya no es una vía para llegar al auto o refaccionar la casa, sino un mecanismo de subsistencia para estirar el sueldo. Los datos del último monitor de Zentrix Consultora son demoledores: el 56,4% de los hogares se endeudó en el último semestre para cubrir gastos básicos, y de ese grupo, 9 de cada 10 ya entraron en zona de default personal porque no pueden pagar lo que pidieron.

El esquema es una trampa circular. Con ingresos que no llegan al día 20 del mes para más de la mitad de la población, el crédito (tarjeta, préstamos personales o informales) aparece como el parche para pagar el alquiler, la luz o el súper. Pero cuando el parche se acumula, la soga al cuello se aprieta.

La «clase baja» como nueva identidad forzada
Lo más impactante del informe es el cambio en la autopercepción social. Más del 53% de los argentinos ya se identifica como clase baja. No es un eslogan político; es la descripción de una experiencia económica donde el objetivo dejó de ser progresar para pasar a ser, simplemente, no caerse del sistema.

Mientras tanto, la brecha entre el INDEC y la góndola genera un ruido ensordecedor. El 65,8% de la gente ya no cree en los números oficiales de inflación. Para el que no llega a fin de mes, el índice es una abstracción técnica que no coincide con el ticket del supermercado ni con la pérdida real del poder adquisitivo, que el 83,9% de los encuestados siente en carne propia.

Un modelo defensivo
Las familias argentinas reorganizaron su economía bajo una lógica defensiva. Se sacrifica el futuro para manotear el presente. El problema es que, al comprometer ingresos que todavía no se cobraron para pagar deudas de consumo corriente, la vulnerabilidad deja de ser un bache para transformarse en una condición estructural. En este escenario, la desaprobación del Gobierno no para de crecer, alimentada por una realidad que los manuales de economía libertaria parecen no estar registrando.

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