La historia no solo se recordó, se hizo sentir. A cinco décadas del inicio de la dictadura más sangrienta de nuestra historia, la Plaza de Mayo se convirtió en el epicentro de una movilización que, por su masividad, ya se anota en los libros. No fue solo un ejercicio de memoria; fue una demostración de fuerza política que dejó al Gobierno de Javier Milei pedaleando en el aire.
Las estimaciones de los organismos de derechos humanos hablan de una convocatoria que superó el histórico rechazo al 2×1 de 2017. Las diagonales porteñas colapsaron y la marea humana llegó hasta la 9 de Julio, haciendo que por momentos el aire en la Plaza fuera irrespirable. Pero el dato central es que la consigna «Nunca Más» mutó en un reclamo urgente contra el presente: el ajuste económico y el intento oficial de reescribir lo ocurrido en los 70.
El «pastiche» oficial y la interna peronista
Mientras las calles tronaban, el Gobierno intentó dar la batalla cultural desde las pantallas. Publicaron un video de 73 minutos que resultó ser un compilado confuso, buscando polarizar con el kirchnerismo pero cayendo en contradicciones internas. Incluso Milei, en un giro inesperado, terminó reivindicando a Alfonsín para diferenciarse del peronismo, olvidando sus críticas feroces del pasado.
En la calle, la unidad opositora mostró fotos potentes. La columna de La Cámpora marchó desde la ex ESMA con la consigna «Cristina libre», mientras la ex presidenta saludaba desde su balcón en Constitución. El dato político de la jornada fue el abrazo entre Cristian Jerónimo (CGT) y Máximo Kirchner, un gesto de deshielo que marca el inicio de una nueva etapa de resistencia sindical y política.
Un reclamo federal que excede la Capital
La masividad no fue porteña-céntrica. El país entero se movilizó con una intensidad que sorprendió incluso a los organizadores:
Rosario: Más de 150.000 personas colmaron el Monumento a la Bandera.
Córdoba y Tucumán: Movilizaciones masivas donde el repudio al golpe se mezcló con el malestar por la crisis. En Tucumán, incluso, se vio un «velorio» simbólico de los jubilados afectados por el ajuste.
La jornada dejó claro que el consenso democrático en Argentina sigue vivo y que, frente a los intentos de relativizar el terrorismo de Estado o profundizar el ajuste, la respuesta social tiene una capacidad de despliegue que el Gobierno no parece haber calculado.



