Millones de familias argentinas sobreviven mes a mes haciendo malabares con las deudas. La escena se repite en todo el país: tarjetas al tope, promociones bancarias, billeteras virtuales y préstamos exprés para pagar lo básico. Según un relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), el 91% de los hogares mantiene algún tipo de endeudamiento, y en la mayoría de los casos, los compromisos financieros fueron adquiridos en 2024, tras la devaluación implementada por el gobierno de Javier Milei.
El informe indica que el 30,5% de las deudas se concentra en tarjetas de crédito, seguidas por servicios financieros no bancarios como Mercado Pago, bancos, financieras y prestamistas informales. La principal causa de este endeudamiento: comprar comida.
La inflación descontrolada y la caída del poder adquisitivo empujaron a los consumidores a financiar su alimentación diaria. El 58% de los consumos con tarjeta están vinculados a productos alimentarios. Para muchas familias, ya no es posible cubrir ni lo esencial sin crédito.
Ariel Sillitti, de 29 años, trabaja como administrativo y es monotributista. En 2024 comenzó a endeudarse con la tarjeta, luego con préstamos en Mercado Pago. “Era para pagar la SUBE, salir un poco, pero sobre todo para comer”, cuenta. Su salario no le alcanzó más. Intentó sumar changas como fletero, pero ni así logró salir del círculo vicioso. “Aprendimos a vivir con angustia. No gastar en lo básico se volvió costumbre”, dice.
Federico, otro testimonio, tuvo que vender su moto para pagar deudas. Sacó dos préstamos grandes para cancelar intereses, pero terminó más complicado. “Sentí que me caía en un pozo, no quería deprimirte, pero no encontraba salida”, relata. “Resigné salidas, momentos con amigos, mi vida cotidiana. ¿Por qué uno tiene que renunciar a eso?”.
La situación se refleja también en los datos macro. Según EcoGo, el crédito a los hogares pasó de representar el 2,3% del PBI en 2023 al 5% este año. La mora en tarjetas y préstamos crece de forma alarmante: en tarjetas saltó del 1,9% al 3,8%, y en préstamos personales, del 4,1% al 5,6%. La situación se agrava en sectores excluidos del sistema bancario formal. Las billeteras virtuales otorgan crédito con extrema facilidad y ya registran una mora del 10,4%.
Fernando Savore, presidente de la Federación de Almaceneros, lo ve todos los días. “La gente ya no tiene plata, compra para el día con tarjeta. Evito promocionar el pago en cuotas porque sé que muchos no van a poder pagar”.
En las últimas semanas del mes, los locales se llenan de compradores que estiran los últimos pesos disponibles de su crédito para llenar la heladera. “La mayoría cobra, paga la tarjeta y se queda sin nada”, dice Savore. Fernando, un jubilado de 75 años, paga todo con crédito. “Tratamos de no caer en los intereses, pero se vuelve todo cuesta arriba”.
Mientras la morosidad se duplica y el endeudamiento crece, se impone una forma de vida en la que los números no cierran, y donde las decisiones cotidianas se toman con la calculadora en la mano. Comer, salir, dormir o disfrutar son ahora lujos que dependen del próximo pago mínimo.